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martes, 11 de marzo de 2025

[Sr.Azul] Historias desde la trinchera - El Lodo y el Silencio


¡Hola, criminales de buen gusto!


Aquí su fiel amigo, el Señor Azul, también conocido como el tipo que siempre lleva un traje impecable, aunque esté en medio de un tiroteo o explicando las bondades de un nuevo juego de mesa o wargame. Sí, ese soy yo: el hombre que convirtió el arte de hablar sin parar en un deporte extremo.  

Hoy, como siempre, estoy aquí para compartir mis pensamientos, reflexiones y alguna que otra anécdota que probablemente no debería contar (pero, ¿qué es la vida sin un poco de drama?). Así que siéntense, relájense y prepárense para leer algo que, con suerte, les hará reír o al menos les dará una excusa para procrastinar un poco más.  

¿Listos? Perfecto. Porque yo no soy de esperar… a menos que haya donuts de por medio. Empecemos.

Hoy os traigo un relato corto que espero que los adeptos al Trench Crusade sepan apreciar! Al lio!

 

El Lodo y el Silencio


El amanecer no llegaba a las trincheras de Nueva Antioquía. El cielo, una sábana de humo y ceniza, se tragaba la luz antes de que tocara el suelo. El guardia Elias Korr ajustó el cerrojo de su rifle con dedos entumecidos, el metal frío mordiéndole la piel agrietada. El aire olía a hierro, podredumbre y pólvora vieja. Era el tercer día de guardia en el Sector 17, una franja de barro y alambre de púas que los mapas llamaban "Línea del Martirio". Nadie sabía por qué. Nadie preguntaba.

Agarró su taza de café aguado, no porque le apeteciera ese oscuro brebaje, era solo por conseguir algo de calor. Había estado engullendo un mendrugo de pan untado con un poco de mantequilla rancia...el desayuno que los oficiales de intendencia consideraban suficiente para mantener a un soldado con energía para luchar otro día mas.


La rutina era un ciclo de tareas que aplastaban el alma. Revisar el rifle, aunque el barro ya se había colado en el mecanismo, vuelta a desmontarlo y limpiarlo. Rascar el lodo de las botas, solo para que volviera a pegarse al dar dos pasos. Llenar sacos con tierra húmeda para apuntalar las paredes de la trinchera, que se deshacían con cada lluvia. Y siempre, siempre, escuchar. El silencio era un enemigo tan real como los herejes. Podía significar que estaban reagrupándose, preparando un asalto, o que ya estaban tan cerca que no había nada que oír hasta que el primer grito rasgara el aire. Elias había aprendido a odiar el silencio más que los disparos.

A su lado, Tobin roncaba contra un poste, el casco ladeado sobre su cara mugrienta. Era un sonido ronco, irregular, como si hasta dormir le costara esfuerzo. Elias lo envidiaba, no por el descanso, sino por la capacidad de apagarse aunque fuera por unos minutos. Él no podía. Sus ojos estaban fijos en el parapeto, buscando sombras en la bruma de la Tierra de Nadie. El agotamiento le pesaba en los hombros, en los párpados, en el pecho, pero el miedo lo mantenía despierto. Un ataque podía llegar en cualquier momento. Siempre llegaba.

"Despierta, idiota," murmuró Elias, dándole un codazo a Tobin. El otro gruñó, escupió un gargajo marrón al suelo y se frotó los ojos.

"¿Ya viene el café de la duquesa?" Tobin bromeó, la voz rasposa. Era una rutina entre ellos, una broma gastada que repetían porque era lo único que tenían. Elias torció la boca en algo que no llegaba a sonrisa.

"Sí, con bollos recién horneados. Te los manda tu madre desde el palacio."

Tobin soltó una risa seca, más tos que alegría, y sacó un trozo de tabaco rancio de su bolsillo. Lo partió en dos con dedos temblorosos y le pasó la mitad a Elias. Masticaron en silencio, el sabor amargo llenándoles la boca. No era amistad, no exactamente. Era necesidad. Una voz, un gesto, algo que recordara que no estaban solos en ese agujero. A veces, Tobin hablaba de una chica que había conocido en un pueblo al sur, una tabernera de pelo cobrizo. Elias no sabía si era verdad o si Tobin lo inventaba para llenar el vacío. No importaba. Lo escuchaba igual.

Los recuerdos de Elias eran más afilados, más crueles. Su madre cosiendo junto a la ventana, el sol entrando a raudales mientras su hermana pequeña, Mara, correteaba con un trapo atado como capa. Su padre, callado, afilando una guadaña en el cobertizo. No eran pensamientos de esperanza, no había un "lucharé por ellos" en su cabeza. Solo le dolían, como un cuchillo que se retuerce en una herida vieja. Aquella vida estaba muerta, tan lejana como si hubiera sido un sueño. Aquí solo había lodo, sangre y el zumbido constante de las moscas sobre los cadáveres que nadie había recogido.

El día avanzaba lento, un goteo de horas grises. Limpiaron latas vacías para hervir agua turbia, se prepararon una sopa aguada acompañada de mas mendrugos de pan, contaron las balas que les quedaban —treinta y siete entre los dos—, y arrastraron un saco de arena que se había desplomado durante la noche. Cada movimiento era mecánico, pesado, como si sus cuerpos fueran máquinas que se oxidaban con cada paso. El cabo Varn pasó un poco después del mediodía, cojeando por una herida mal curada, y les dio una orden seca: "Mantengan los ojos abiertos. Los herejes están moviendo algo al norte." No dijo más. No hacía falta.

El ataque llegó al atardecer.

Primero fue el sonido, un rugido grave que hizo temblar la tierra. Elias y Tobin se miraron, el tabaco olvidado en sus bocas. Luego, el silbido agudo de los proyectiles cortó el aire, y el mundo estalló. Un obús cayó a veinte metros, levantando una lluvia de barro y astillas. Elias se arrojó al suelo, el rifle apretado contra el pecho, mientras el eco del impacto le retumbaba en los oídos. Tobin gritó algo, pero las palabras se perdieron en el caos. Más explosiones, más cerca, el suelo temblando como si quisiera tragárselos.

"¡Arriba, arriba! ¡A los puestos de tirador!" chilló Varn desde algún lugar a la derecha, su voz apenas audible entre los estampidos. Elias se arrastró hasta el parapeto, el corazón golpeándole las costillas. A través de la bruma de la Tierra de Nadie, vio figuras moviéndose: siluetas deformes, armaduras pesadas que brillaban con un rojo infernal. La Legión Herética. No eran hombres, no del todo. Algunos arrastraban armas que parecían vivas, pulsando con venas negras. Otros avanzaban con pasos lentos, implacables, como si el barro no les pesara o las alambradas de espino no les entorpeciera el paso. Algunos morian o quedaban heridos al pisar una mina, pero ningún alarido era proferido por sus gargantas.


Tobin disparó primero, el rifle escupiendo una ráfaga corta. Un hereje cayó, pero otro tomó su lugar al instante. Elias apuntó, el cañón temblándole en las manos, y disparó. El retroceso le sacudió el hombro, pero no vio si había acertado. No había tiempo. Los herejes estaban a treinta metros, otro disparo y otro y luego otro, algunos caian otros seguian andando como si los proyectiles no les afectaran. Ya estaban a veinte metros. Una granada estalló cerca, lanzando un chorro de sangre y metal. Alguien gritó, un sonido agudo y roto que se apagó rápido.

"¡Cierren filas!" rugió Varn, pero la línea ya era un desastre. Elias recargó, los dedos torpes, el cerrojo atascándose por el lodo. Tobin blandió su maza de trinchera, un palo con clavos oxidados, y se lanzó contra un hereje que había saltado al foso. El impacto fue brutal: el cráneo del enemigo cedió con un crujido húmedo, pero el hereje lo arrastró consigo, aplastándolo contra el suelo. Elias disparó de nuevo, el proyectil rebotando en la armadura de otro atacante. El aire apestaba a azufre y carne quemada.

Un gigante envuelto en placas negras avanzó hacia él, un Ungido, sus ojos brillando como brasas. Elias retrocedió, tropezando con un cadáver, y levantó el rifle como escudo. El hereje descargó un mandoble que partió el arma en dos, la hoja rozándole el brazo. El dolor llegó después, un fuego líquido que le subió hasta el hombro. Gritó, más por rabia que por miedo, y desenvainó su bayoneta. Se lanzó contra el hueco bajo el yelmo del Ungido, buscando la carne expuesta. La hoja se hundió, caliente y pegajosa, y el gigante se tambaleó, pero no cayó. Un puño lo golpeó, lanzándolo contra la pared de la trinchera. El mundo se volvió borroso.

Cuando recuperó el aliento, el Ungido estaba muerto, la bayoneta aún clavada en su cuello. Tobin yacía a pocos metros, inmóvil, la maza caída junto a su mano abierta. Los disparos se apagaban, el combate reduciéndose a jadeos y gemidos. Elias encontró una pistola en el fondo de la trinchera y la agarró con la mano sana, perdida por algun compañero caido en combate, se arrastró hasta el parapeto, el brazo sangrando, el cuerpo temblando. Vació el cargador mas por rabia que intención de matar, ni siquiera sabia si le habia dado a algo. Los herejes se retiraban, dejando cuerpos retorcidos tras de sí. No era una victoria. Solo un respiro.

La noche cayó como una losa. Elias se sentó contra la pared, el lodo chorreándole por la espalda. Alguien le pasó una cantimplora; bebió un trago de agua que sabía a hierro. Varn pasó cojeando, contando bajas. "Diecisiete," murmuró. Nadie respondió. Elias miró el rifle roto a sus pies, inútil ahora, y pensó en Mara corriendo con su capa de trapo. El recuerdo no lo consoló. Solo le recordó lo lejos que estaba de cualquier cosa viva.


Se puso a masticar el último trozo de tabaco de Tobin. El sabor era amargo, familiar. Se vendó la herida del brazo. Agarró el rifle de su ahora fallecido compañero. Ajustó el cerrojo con los dedos entumecidos, el frio mordiendole la piel agrietada. A lo lejos, el silencio volvió a asentarse, pesado y traicionero. Mañana habría más lodo, más miedo, más sangre y mas rutina. Sobrevivir no era un triunfo. Era solo seguir respirando en el infierno.

Y eso era todo lo que tenía.

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 Espero que os haya gustado este relato, un granito de arena para hacer mas grande esta comunidad de Cruzados de las trincheras.

 

Ahora voy a mirar un paisaje bonito que vaya traumita de historia ;-/ 


¡¡Eeeeeeh  Fiiiiin!!








martes, 4 de marzo de 2025

[Sr.Azul] Historias desde la trinchera - El Depredador y el Espectro


¡Hola, criminales de buen gusto!

Aquí su fiel amigo, el Señor Azul, también conocido como el tipo que siempre lleva un traje impecable, aunque esté en medio de un tiroteo o explicando las bondades de un nuevo juego de mesa o wargame. Sí, ese soy yo: el hombre que convirtió el arte de hablar sin parar en un deporte extremo.  

Hoy, como siempre, estoy aquí para compartir mis pensamientos, reflexiones y alguna que otra anécdota que probablemente no debería contar (pero, ¿qué es la vida sin un poco de drama?). Así que siéntense, relájense y prepárense para leer algo que, con suerte, les hará reír o al menos les dará una excusa para procrastinar un poco más.  

¿Listos? Perfecto. Porque yo no soy de esperar… a menos que haya donuts de por medio. Empecemos.

Hoy os traigo un relato crossover sobre Trench Crusade pero dándole vueltas a una idea que me dio Marvin al leer mi anterior entrada "[Sr.Azul] Relatos desde la trinchera - Trench Crusade, the prey!" y me he decidido a escribirlo, al lío!

 

"El Depredador y el Espectro"

El viento en Tierra de Nadie ululaba como un lamento eterno, arrastrando cenizas y el hedor acre de azufre sobre un paisaje de trincheras retorcidas y cráteres humeantes. Entre el lodo y los restos de cuerpos destrozados, dos cazadores acechaban, sus pasos silenciosos resonando en un duelo que ninguno había previsto. Uno era un Yautja Joven Sangre, un guerrero alienígena recién ascendido tras su primera cacería exitosa, atraído a este mundo por el caos de la Gran Guerra. El otro, un Comando de la Muerte Hereje, un asesino forjado en el Séptimo Círculo del Infierno, enviado a Tierra de Nadie para eliminar amenazas al dominio hereje. Ambos se habían encontrado por casualidad, y ahora se cazaban mutuamente, sus instintos afilados como las armas que portaban.


El Yautja avanzaba con cautela, su camuflaje óptico destellando entre las sombras de un bosque de alambre de púas. Sus sensores térmicos rastreaban el calor residual del Comando, mientras su cañón de hombro giraba en busca de un blanco claro. Había visto al hereje antes: una figura espectral en una armadura reforzada de metal negro, grabada con runas infernales que brillaban tenuemente, moviéndose con una gracia letal que rivalizaba con la suya. Las Garras de Tartarus del Comando, templadas en el Río Estigia, habían destrozado a una patrulla de Nueva Antioquía en segundos, y el Yautja supo de inmediato que este era un trofeo digno de su clan.

El Comando, por su parte, se deslizaba entre las ruinas de una trinchera colapsada, su generador de sigilo difractando la luz a su alrededor, convirtiéndolo en un borrón apenas perceptible. Sus habilidades de infiltración lo habían llevado a través de líneas enemigas innumerables veces, y su ocultación natural lo hacía un fantasma incluso sin su tecnología infernal. No tenía lengua para gritar órdenes o maldecir, pero sus manos trazaban señales rápidas en el aire, como si invocara a los demonios que lo habían entrenado. Había detectado al Yautja cuando una red metálica suya atrapó a un demonio menor que él perseguía, y desde entonces lo había marcado como presa. Ningún ser, mortal o no, desafiaba impunemente a las Legiones Herejes.



La cacería se prolongó durante horas bajo un cielo plomizo. El Yautja tendió una trampa en un cráter lleno de cuerpos putrefactos, dejando un rastro falso de sangre demoníaca para atraer al Comando. Este, confiado en su sigilo, se acercó, pero el instinto del Yautja lo alertó: un leve crujido en el lodo, un destello de runas en la niebla. Disparó su cañón de plasma, y una bola de fuego azul estalló contra la armadura reforzada del Comando, que resistió el impacto con un chirrido metálico. El hereje respondió al instante, lanzándose desde la penumbra con sus Garras de Tartarus extendidas, rasgando el aire donde el Yautja había estado un segundo antes.

El duelo fue brutal. El Yautja activó sus hojas retráctiles, enfrentando las garras infernales en un choque de chispas y rugidos. La armadura del Comando absorbía los golpes, pero una estocada precisa del Yautja cortó un cable de su generador de sigilo, rompiendo su invisibilidad. El hereje contraatacó con una velocidad inhumana, sus garras envenenadas rozando el brazo del Yautja, dejando un rastro ardiente de veneno estigiano que le arrancó un gruñido de dolor. Ambos retrocedieron, jadeando entre el barro, sus cuerpos marcados por la batalla: el Yautja sangrando un líquido verde fosforescente, el Comando con su armadura abollada y humeante.

La cacería alcanzó su clímax en una llanura devastada por bombardeos, donde el Yautja usó su última carta. Lanzó una red metálica electrificada que atrapó al Comando contra un tanque calcinado, inmovilizándolo momentáneamente. El hereje forcejeó, sus garras cortando los cables, pero el Yautja ya estaba sobre él. Con un rugido gutural, clavó su lanza en una grieta de la armadura reforzada, perforando el pecho del Comando. Un chorro de sangre negra brotó, y el hereje se desplomó sin emitir sonido, sus manos aún trazando una señal final de desafío.



El Yautja, exhausto y herido, arrancó la cabeza del Comando como trofeo, su máscara salpicada de sangre infernal. La victoria había sido difícil, un enfrentamiento que lo había llevado al borde de sus límites. Mientras el viento arrastraba el polvo sobre el cadáver del hereje, el sangre joven alzó su lanza al cielo gris, un grito de triunfo resonando en la desolación de la tierra de nadie. Había probado su valía, pero sabía que este mundo maldito aún guardaba presas más letales.

Eeeeeeh Fiiiiiiin!!!!
 
Yo no vi nada señor Yautja, prosiga su camino.

Espero que os haya hecho pasar un buen rato este breve relato, hasta la próxima!


martes, 25 de febrero de 2025

[Sr.Azul] Relatos desde la trinchera - Trench Crusade, the prey!


¡Hola, criminales de buen gusto!


Aquí su fiel amigo, el Señor Azul, también conocido como el tipo que siempre lleva un traje impecable, aunque esté en medio de un tiroteo o explicando las bondades de un nuevo juego de mesa o wargame. Sí, ese soy yo: el hombre que convirtió el arte de hablar sin parar en un deporte extremo.

Hoy, como siempre, estoy aquí para compartir mis pensamientos, reflexiones y alguna que otra anécdota que probablemente no debería contar (pero, ¿qué es la vida sin un poco de drama?). Así que siéntense, relájense y prepárense para leer algo que, con suerte, les hará reír o al menos les dará una excusa para procrastinar un poco más.

¿Listos? Perfecto. Porque yo no soy de esperar… a menos que haya donuts de por medio. Empecemos.

El otro día escuchando el ultimo Podcast de La vieja guardia (LVG T4 Ep11: Franquicias en Miniatura LVG T4 Ep11: Franquicias en Miniatura), en concreto la sección de Marvin, se me ocurrió hacer un pequeño relato con el crossover definitivo! Para no haceros esperar mas vamos al lio!
 

"El Cazador de las Sombras"

El aire en Tierra de Nadie era un miasma de azufre, sangre y pólvora, un campo de muerte donde las trincheras, los campos de minas y los alambres de espino se retorcían como cicatrices en la tierra. Entre las sombras humeantes, un Yautja sangre joven, recién ascendido tras su primera cacería en un lejano planeta selvático, había encontrado un nuevo terreno de caza. Atraído por el rugido de la Gran Guerra había llegado a la Tierra, sus sensores térmicos destellaban al detectar presas dignas: humanos, heréticos y demonios, todos trofeos para su clan.

Según la guía del monster hunter aquí antes solo había homínidos.


Su primera cacería fue un espectáculo de precisión brutal. Emboscó a una patrulla de Nueva Antioquía en un bosque de alambre de púas, su camuflaje óptico destellando mientras sus hojas retráctiles se hundían en pechos y gargantas. Los soldados cayeron sin ver a su verdugo, sus gritos ahogados por el silbido del viento tóxico. Más tarde, persiguió a un caballero de la Orden de la Mosca a través de un pantano pestilente; el herético, cubierto de armadura retorcida, blandió una espada en llamas, pero el Yautja lo derribó con un disparo de plasma que incineró su torso, dejando solo un cráneo humeante como trofeo. Su cacería más audaz fue contra un demonio alado del Séptimo Círculo: lo rastreó hasta una colina de cadáveres, donde sus redes metálicas lo atraparon contra el suelo antes de que un cañón de hombro lo redujera a cenizas danzantes. Los cuerpos se amontonaban, recogía un trofeo tras otro para demostrar su valía como cazador. Pero los rumores de un "cazador fantasma" se extendían como una plaga.

El Duque de Nueva Antioquía, intrigado por los susurros de una criatura invisible con armas de fuego abrasador, vio en ello una oportunidad. En una sociedad belicista como la suya, el camuflaje óptico y la tecnología de plasma del intruso podrían revolucionar la guerra contra los heréticos. Convocó a la Brigada Roja, sus veteranos de armadura carmesí, y les ordenó capturar a la bestia viva o al menos traer sus restos intactos. Liderados por el teniente Markus, juraron sobre la Mesa de los Muertos cumplir la voluntad del Duque, armados con rifles benditos, granadas sagradas y sabuesos de guerra entrenados para olfatear lo imposible. Partieron hacia el territorio donde la criatura había sido vista por última vez.

Firulais, Croqueto y Albondigo, si es que son un amor...


El combate final estalló en una tormenta de sangre y fuego. Los sabuesos aullaron al detectar al cazador, pero fueron silenciados rápidamente: el Yautja emergió de la niebla, sus garras destrozando carne y hueso mientras su lanza atravesaba a dos soldados en un solo movimiento. Las balas de los rifles rebotaban en su armadura alienígena, y un disparo de plasma desintegró a tres hombres en un destello cegador. Markus gritó órdenes, pero el Yautja lo alcanzó, arrancándole el brazo izquierdo con un golpe seco; la sangre carmesí salpicó el barro mientras el teniente caía de rodillas.

Entonces, un enorme Comunicante Carmesí, un supersoldado de la Brigada Roja imbuido con la carne del Meta-Cristo, avanzó entre los cuerpos y con un rugido golpeó con la campana de la expiación al Yautja. Por un instante, el cazador quedó aturdido, y el Comunicante Carmesí lo agarró con ambos brazos. Markus, con el rostro pálido por la pérdida de sangre, aprovechó el momento: aferró una granada sagrada con su mano restante y, en un último acto de desafío, la detonó contra el pecho del Yautja. La explosión resonó como un trueno, cegando al cazador, quebrando su camuflaje y dejando su piel verdosa expuesta, chamuscada y sangrante.

Mortalmente herido se arrancó la máscara destrozada y con rostro al descubierto, el Yautja rugió en agonía. Sus dedos temblorosos activaron el mecanismo de autodestrucción en su muñeca, un pulso rojo parpadeando en la penumbra. Los sobrevivientes de la Brigada, ya reducidos a un puñado, intentaron huir, pero la explosión los alcanzó: un estallido colosal de energía alienígena que vaporizó el campo de batalla creando un nuevo cráter y lanzó fragmentos ardientes al cielo. Elias, el último soldado en pie, corrió desesperado, su armadura carmesí abollada y su pierna derecha herida por la onda expansiva. Tropezó entre el barro, el calor abrasador lamiendo su espalda, pero logró arrojarse tras una roca justo cuando el fuego lo consumía todo a su alrededor.

Directed by Michael Bay.


Días después, Elias llegó cojeando al palacio ducal, la sangre seca en su rostro y el eco de la explosión todavía resonando en sus oídos. Frente al Duque, su voz tembló: "La Brigada Roja ha caído, y con ella toda esperanza de capturar la tecnología de la criatura." El Duque, solemne, posó una mano sobre su hombro y respondió: "Aun así, gracias por su sacrificio. La Brigada Roja resurgirá de nuevo."

En las sombras, los reclutadores ya buscaban nuevas almas rotas para vestir el carmesí.

Eeeeeeeeh Fiiiiiiiin!!!

 

Mira que te digo, pueden cascar ciento y la madre, pero que llorera cuando los perretes han caído joder!
 
Hago ver que saludo a un colega pa que no se me vean las lagrimillas.

 

Espero que el relato os haya gustado o como mínimo os haya tenido entretenidos un ratete. Que vaya bien hasta la próxima!


jueves, 19 de septiembre de 2024

[Marvin Nash] Trench Crusade: Refuerzos para mi Legión Herética y el Grial Negro

 

Holaaaa amiguitoooss!! Otra vez por aquí! Madre mía, o no escribo nunca u os doy la turra por partida cuádruple. 

Esta vez SÍ que vengo a hablaros de Trench Crusade, os he dejado 3-4 entradas de margen donde he hablado últimamente de otras cosas para que desconectaseis, pero ahora toca seguir extendiendo la palabra de Mr. Pirinen.

Seré breve, eso sí. Por un lado os voy a mostrar una actualización para mi banda del Grial Negro, por el otro lado voy a enseñaros una que es compartida para el Grial y la Legión Herética.

Allá vamos, pues.

GRIAL NEGRO: AMALGAMA

En su día, cuando me fabriqué la Amalgama del Grial Negro, no había mucho más que un boceto súper guarro de Mike Franchina de lo que iba a ser la Amalgama. Se veía tan mal y era tan amorfo que casi cualquier cosa valía para hacerte la amalgama.

Hice esta miniatura justo unos días antes de las jornadas que preparamos en la Vieja Guardia de Trench Crusade a mediados de julio. En ese momento me gustaba la miniatura, aunque no me entusiasmaba. Realmente fue la primera mini que hice del Grial Negro y como no tenía nada de referencia en lo que basarme, quedó un poco diferente al resto de miniaturas de la banda.

Pero hace unas pocas semanas, ocurrió. Franchina acabó el dichoso boceto, haciendo una ilustración maravillosa. Al menos, personalmente, es uno de los diseños que más me gustan de todo el juego:

Mola a turbo...

En cuanto la vi mi corazoncito de sirviente del Señor de las Moscas se rompió. Eddie casi a la vez me dijo que si tenía pensado remodelar mi Amalgama para hacerla más fiel al dibujo. Lo que el bueno de Eddie no sabía es que en cuanto vi esta ilustración, mi mente enferma se había puesto ya manos a la obra... Todo proceso de creación lleva implícito, de algún modo, un proceso de destrucción previo. Por lo que no me tembló el pulso ni un poquito a la hora de pensar en desguazar y convertir en pulpa mi Amalgama.

Así pues, empecé a creer, como Neo en Matrix. Hice trozos mi Amalgama, eliminando sobre todo los brazos, la cabeza, algunos elementos de la espalda y los pies. A partir de ese muñón que dejé empecé a modelar con masilla detalles, empezando por la caja torácica y acabando por los pies. No paré hasta agotar las existencias de masilla verde disponibles a 5d6 km a la redonda.

Añadí detalles sacados de tanques de la II.G.M, ya que, según el trasfondo, el blindaje que recubre a la amalgama no es nada más y nada menos que planchas de blindaje sacadas de carros de combate destruidos. 

Para no aburriros os diré que añadí muchos más elementos a la Amalgama, desde extremidades de miniaturas a tubos, cañones, jirones de piel, la torreta de un Sherman modificada, etc.

Los Viejunos me dieron bastantes consejos, sobre todo Eddie (¡gracias, bro!), con quien fui revisando cosas como los pies de mi Amalgama a medida que iba avanzando con la conversión.

El resultado obtenido es este, mucho más fiel al dibujo y algo con lo que estoy realmente contento:






LEGIÓN HERÉTICA: SIN EATER y HERETIC PRIEST

Como pudisteis ver, tanto Eddie como yo estuvimos fabricándonos nuestro propio Sin Eater a partir de la misma miniatura de Reaper Bones.

Él hizo un SIN EATER que me gusta mucho, con una estética muy molona. Además, aprovechó también para hacerse un nuevo Brujo Goético.

Yo, en cambio, quise ceñirme casi al 100% en la ilustración que ya había existente del Sin Eater, así que no me salí apenas del concepto original.

El Sin Eater puede trabajar tanto para el Grial Negro como para la Legión Herética, algo que me viene genial ya que tengo ambas facciones.

Aquí podéis ver las fotos de mi Sin Eater acabado de pintar:

Con el fondo (camiseta) usado para las fotos de la Legión Herética...


Y aquí con el fondo (camiseta) que favorece más a las minis del Grial Negro...

Además, me hice un nuevo Sacerdote Herético, mucho más fiel al concepto original que el que me hice originalmente, más parecido a Psycho Mantis del Metal Gear Solid. La miniatura que utilicé como base es de Reaper Bones, pero le puse una mano con una daga sacada de una Furia del Caos de Warcry y, además, le modelé una serpiente con masilla verde en el báculo, igual que en el concepto de Franchina.
Lo pinté con la piel muy pálida, creo que eso hace que destaque más con respecto a los ropajes que lleva.
Espero que os guste:



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Hasta aquí la entrada. Espero que os haya gustado.


Un saludo!

[Marvin Nash]

sábado, 20 de julio de 2024

[Marvin Nash] Trench Crusade: Mi banda de la Legión Herética

 

¡¡Entrada doble, entrada doble!!

Como ya os dije ayer, no sólo os iba a mostrar la banda del Sultanato de Hierro. También os iba a enseñar la de la Legión Herética. 

Aunque hay algunas miniaturas del Sultanato de Hierro a las que dediqué mucho tiempo (como el Capitán o el Toro de Bronce), creo que, en general, en la Legión Herética invertí mucho más tiempo de personalización y pintado. No en vano me curré hasta un tanque lanzallamas para ellos, que ya son palabras mayores. También le dediqué muchísimo tiempo a los Ungidos y al Lobo de Guerra, además de a los propios Legionarios Heréticos (la "tropa base"). Espero que el resultado os guste. Yo me lo he pasado muy bien creando la banda, ha sido bastante divertido ir probando distintas combinaciones de piezas, esquemas de color, etc.

Al igual que con el Sultanato de Hierro, hay miniaturas que han sido bastante calcadas al concepto original (como el Lobo de Guerra) y otras que han sido totalmente freestyle. Sin más dilación, os presento a la banda.


HERETIC ELITES

Heretic Priest

-Esta es la miniatura más freestyle de la banda. Originalmente lo hice con una especie de sacerdote de Cthulhu, de Reaper (BONES), pero no acabé de verlo. Así que me hice esta miniatura, basándome un poco en el concepto de Psycho Mantis (personaje del Metal Gear Solid). Un tío psíquico, con máscara de gas, que levita y va haciendo putadas chungas. No obstante, creo que en un futuro también pintaré el sacerdote de Cthulhu y así tendré dos miniaturas para elegir.




Heretic Death Commando

-Intenté ceñirme al concepto. La base de la miniatura es una figura de resina que compré en Goblintrader Madrid, junto con detalles en masilla verde (para hacer la armadura y el generador de invisibilidad que lleva en la espalda), manos de necrófago y casco de alemán de la Segunda Guerra Mundial.






Heretic Chorister

-Partí de una miniatura de Reaper (BONES) a la que descabecé y le puse una cabeza de zombi de Games Workshop. Luego masilla verde para hacer el chorretón de sangre/glifo del cuello y el pelo de la cabeza.





LEGIONNAIRES OF HELL

Heretic Trooper







Anointed Heavy Infantry

-En muchos juegos de miniatura suelo hacerme dos figuras que se llaman "Bebop" y "Rocksteady" en honor a los carismáticos villanos de "Las Tortugas Ninja". De pequeño eran mis villanos favoritos y me gusta homenajearles en mis miniaturas.
Estos Ungidos están hechos a partir de Stormcast, con piezas de orcos, de kroots, alemanes de la Segunda Guerra Mundial, Astra Militarum, Caballeros Grises... Hay una mezcla muy variada de piezas. Los hice con el brazo imantado a la altura del codo, para así poder intercambiar 3 opciones de armas pesadas: ametralladora pesada, lanzallamas y lanzagranadas.
Son las miniaturas que más me gustan de la banda, junto con el lobo y los Legionarios Heréticos.










War Wolf Assault Beast




Artillery Witches




MERCENARIOS/ TROPAS ADQUIRIDAS CON GLORIA

Goetic Warlock




Hell Hound




MISCELÁNEA





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Hasta aquí la entrada, espero que os haya gustado!

Abrazote!


Marvin Nash