lunes, 6 de julio de 2026

[Eddie Cabot] Frostfgrave - Royal Rumble sobre hielo en Feldstad

"La expedición del Templo de Ykaros llegó temprano a las orillas del río Meregile, y aunque este atravesaba la ciudad al completo, la suerte o la desgracia habían querido que ese día su objetivo se encontrara en una zona poco poblada. Unas pocas casas de pescadores dispersas, la mayoría en ruinas, eran las únicas estructuras de la zona.

Gracias a su flamante nuevo taller, la expedición había rellenado los huecos que iban dejando los hombres de Centurius con golems de guerra, roñosos golems de guerra, construidos con basura y herramientas oxidadas. Edora había conseguido animar a un par de Constructos esa misma semana, por lo que la banda contaba de nuevo con número suficiente para presentar batalla.

Vastraea se rascó la ceja todavía provista de puntos de sutura de forma descuidada, Sálaman le había dicho un millón de veces que cuanto más se tocara más tardaría en curarse, pero la joven no le hacía el menor caso. -No estamos solos,- Dijo señalando con la mirada.

La niebla se estaba disipando con las primeras luces de la mañana, ni uno ni dos sino tres. Tres grupos distintos, con sus correspondientes magos, aprendices y escolta se habían presentado en la zona. Edora resopló y desenfundó la espada. -Con lo grande que es esta maldita ciudad. ¿Cómo es que siempre tropezamos con la misma gente?.-

Vastraea escupió al suelo y descolgó su martillo de guerra de la espalda. -Empiezo a sospechar que le compramos todos la información al mismo sujeto...- "



Bienvenidos niños y niñas, a la casa donde los domingos se madruga para ir a jugar con moñecos y con excelente, que digo excelente, excelentísima compañía. Ha sido mañana de café, crusanito, temperaturas asesinas y para que negarlo. Muchas risas. Estas batallas sacan lo mejor de nosotros en materia de puyas y acciones reprobables.


Y es que en la guerra, en el amor y en los moñecos todo vale. Hoy tocaba misión de suplemento del Rey Liche, me traje un tapete gordo que tenía por casa y hemos decidido jugar batalla a 4. El escenario era el de batalla fluvial, ese en que hay un río helado con barcos, casinos, furcias, y al final del tercer turno aparece un mago con crampones en los pies que trata de huir de la mesa con un tesoro debajo del sobaco.

COGE EL TESORO Y CORRE

La mesa modestia a parte nos ha quedado bastante apañada. Al final hemos acordado una superficie e 90x120 para jugar (aunque el tapete es más largo que eso). Con la orilla delimitada por las casas, el resto de la mesa hielo resbaladizo y el rio terreno impasable.

El escenario funciona como todos los demás, robar tesoros, matar monstruos y de vez en cuando pegarle un susto a algún oponente que se acerca demasiado. Siempre dentro de las normas de la caballerosidad, no se ataca directamente al Mago o al Aprendiz, primero se les da un disparo de advertencia.


Si una cosa ha marcado la partida de hoy, ha sido las pésimas tiradas que hemos tenido todos. Yo particularmente he fallado más conjuros de los que he lanzado, y no he tirado más que los fáciles. En los combates me ha ido un poco mejor, pero aun así he escapado con vida por los pelos.


La mesa se veía un poco vacía al principio, cierto es que hay pocas coberturas. Y empiezo a acusar la mala decisión de largar a los arqueros de la anda. Tendré que poner remedio a eso en cuanto tenga oportunidad para  montar alguna miniatura más.


Otra nota negativa, han salido pocos monstruos. Voy a elevar una queja al alto consejo viejuno, para permitir el modo hardcore en todas las partidas y que los monstruos entren cada vez que recojas un tesoro, sin tener que hacer la tirada para ver si escuchan el sonido que hace un cofre al despegarse de la nieve.

Los monstruos son la sal de la vida en este juego y otra forma de conseguir valiosos XPs, que siempre me quedo corto y no subo de nivel por 10 o 15 cada vez, siempre voy un nivel por debajo de lo que debería, así que más monstruos por favor, necesito algo que poder triturar con mis autómatas.

LAS FUERZAS EN CONFLICTO

Aun yendo un nivel por debajo, calculo que ya debemos estar todos entre el nivel 8 y 10. Por lo que las bandas no van muy sobradas de especialistas, pero los magos ya empiezan a ser peligrosos. Quizás sea cosa mía, pero en la 2.0 cuesta mucho más ganar dinero. Un problema a la hora de comprar soldados y añadidos para la guarida. 


La banda de Cygnaghan de Sr. Marrón, a tope de miniaturas con personalidad, entre ellas una versión con patillas de peachy y una abuelita adorable que se parece a Ángela Lansbury y que ha estado a punto de morir devorada por Ghouls. Señora, a su edad una se queda en casa haciendo calceta, no se va a pelear con no muertos.


La banda de Malvef de Klaim. Seguramente la que tiene más cohesión estética de todas. Si la vista no me falla son todo miniaturas oficiales. Los soldados han salido todos de la matriz de bárbaros de plástico de Frostgrave, lo se porque usé una para mis rangers de Oathmark. Por si no lo hemos mencionado antes, Malvef es un mago elemental, es decir, conjuros de dificultad alta, pero muy destructivos.


La banda de Nadiuska la Pelandusca del Sr. Rubio, que ha abandonado todo intento de hacer algo coherente. Miniaturas de Warmachine, de Warhammer, otras impresas en 3D, un hamster con  un laud y no hay dos peanas iguales. Vamos que alguien podría llegar a pensar que ha ido cogiendo miniaturas de la estantería que le hacían gracia para montar su banda. O directamente iba con el modo random activado. A día de hoy, todavía no tengo claro quien es la maga de la banda.


Y la peor para el final, la banda de Edora la Intrépida del Eddie. Un proyecto al que le voy cambiando el tono y la composición casi a cada partida, pero que me tiene atrapado por completo. Cada vez que digo que ya he cerrado la banda me viene una nueva idea al tarro y me tengo que poner a pintar y montar. Lo mejor del caso, es que a diferencia de otros proyectos, este no me está molestando el no acabarlo nunca.

REPETICIÓN DE LAS MEJORES JUGADAS

El Rubio tenía prisa por irse y tesoros cerca de la zona de despliegue, así que su partida ha consistido en sacar de la mesa los tesoros lo antes posible. Uno de sus momentos álgidos ha llegado cuando ha puesto un marcador de niebla para desviar un espectro hacia la banda del Sr. Marrón.


Después se ha acordado que el hamster con laud era un proxy para un Rangífero, que son buenos matando no muertos. Y lo ha lanzado a escoñar al espectro. Su mirada de orgullo lo ha dicho todo, el hamster se queda en la banda. Y yo ya no llevo la banda más rara, go Rubio.


Para cuando ha salido el asesor inmobiliario del Liche de su escondite, nadie estaba especialmente cerca. Pero le han pegado un flechazo y lo han dejado lo bastante blandito. Sir Nigel de Frodeburg, también conocido como Sir Mohoso ha visto su oportunidad y ha cargado contra el hechicero malvado, pero una bola de fuego lo ha volatilizado y se perderá la próxima partida.


De todas formas el mago no ha durado mucho más en mesa. Uno de los ballesteros de Malvef (¿O era un tirador?) le ha hecho un headshot y lo ha mandado de cabeza al infierno. Klain se ha llevado los XP de matar al hechicero y el Rubio se ha empujado con telekinesis el tesoro que ha soltado. Mini-punto para la facción barbuda.


En la partida de hoy Klaim ha cambiado el "...si tu no me atacas yo a ti tampoco" por el "...si esto te voy atacando y hablamos". Le ha pegado un flechazo a Salamán que casi lo acogota y me han llegado unos barbaros fresquitos vía puente para partirme la cara.

Como he fallado todos los conjuros de niebla y encantar arma que he tirado al principio de la partida, iba un poco vendido. Pero una vez más los constructos me han salvado la vida. He usado los pequeños y prescindibles para sacar los tesoros de la mesa y a los medianos para contener a la horda bárbara. En combate se han portado muy bien.

CRÓNICA DE UNA PALIZA ANUNCIADA

Y aunque ha sido de forma involuntaria, me he vuelto a quedar en medio de dos bandas. El tema es que mientras yo no era capaz de sacar ni un puto conjuro y me he quedado con un solo arquero. Tanto Klaim como el Sr. Marrón me han debilitado mucho la banda nada más empezar. Sálaman y Sir Nigel han jugado toda la partida con la mitad de vida desde el primer turno prácticamente.


El resto de daño me lo he llevado fallando conjuros y haciéndome más daño para poder lanzar alguno a la fuerza. Al final me he tenido que refugiar en la trinchera y suerte que no me han salido monstruos cerca, o la cosa podría haber acabado muy mal. 


El resultado final, Sir Nigel con herida grave, se pierde la siguiente partida y cuando vuelva no será con esa forma, ya os explicaré. Manitas y el Tomberi han sacado dos tesoros y su contenido ya está a la venta en eBay, me lo voy a quitar todo de encima para poder hacer unos cambios en la banda. De nuevo, ya os contaré.

EL GADGET DE LA PARTIDA

En el primer disparo de advertencia a mi hechicera, Klaim ha querido verificar su LDV y ha pedido prestado un laser a la mesa de al lado donde se libraba batalla de 40K. El ingenioso artilugio ha salvado a mi hechicera de llevarse un flechazo en las tripas que ha tenido a bien recibir el bueno de Sálaman. Que se me empieza a antojar un poco inútil la verdad, a ver si lo puedo promocionar a algo interesante.


Al final con la XP subo dos niveles, que he invertido en bajar de dificultad má conjuros. Pero he ido a por los que tengo más altos, para plantearme usarlos alguna vez en la batalla, si no siempre acabo usando (o más bien fallando) los mismos. Próximo objetivo, ahorrar para comprarme el grimorio que deja las armas encantadas de forma permanente, tengo que amortizar el taller, copón.

++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

Y hasta aquí por el momento. Le dejo la parte narrativa al Sr. Marrón, que la hace mejor que yo. Se vienen cositas, mientras esperamos que los de Archon le entreguen sus miniaturas al Sr. Marrón y al Sr. Negro vamos a dejar parado lo de Starcraft, no será el siguiente proyecto como tal. En lugar de eso pasaremos por algo más pequeño y veraniego.

Seguiremos informando. 

viernes, 3 de julio de 2026

LVG Podcast: Ep. 20 Temp. 5: ¡Ey, que viene la 11º edición!


Volvemos otros 15 días (más o menos) con otro programa con los sospechosos habituales y que no descartamos que acabe en un poco de polémica.

El Sr. Rubio, Eddie, Marvin (desde un cajón) y el Sr. Marrón, se han reunido para hablar de lo que es la noticia que está sacudiendo los medios frikis de miniaturas.

LVG 5 20

La 11º edición de warhammer 40,000... Ja ¿creíais que nosotros no íbamos a hablar de ello? Pues vamos que sí hemos hablado, a nuestra manera eso sí:

00:05 Eddie nos explicará sus impresiones de esta nueva edición y hará un poco de repaso de todo el proceso hasta dónde hemos llegado actualmente.

00:35 Marvin repasará un poco por encima todos los cambios y detalles interesantes de esta nueva edición, así como sus impresiones.

01:25 El Sr. Rubio comparará el contenido de la actual caja con la primera que salió de éste juego, sí estamos hablando de la caja de 2ºed de 1995....

01:50 El Sr. Marrón ha preparado una sección para convenceros que os dejéis de tonterías y miréis a otros juegos y alternativas.

02:14 Nuestra tertulia viejuna que nos ha quedado un poco cuñada.

03:22 Comentarios de nuestra selecta audiencia.


Esperamos que os guste éste y otro contenido, y en esta ocasión, más que nunca, nos gustaría saber vuestras opiniones acerca de esta nueva edición.

Muchas gracias por vuestro tiempo y pasad una buenas vacaciones! 

[Eddie Cabot] Frostgrave - Las Tribulaciones de Edora La Intrépida - Parte 03

"Despertarse con dolor de cabeza era algo habitual para Vastraea, toleraba bien el alcohol, pero no tanto las resacas. En esta ocasión era un tipo de dolor diferente al de costumbre, pero no desconocido, no recordaba dolor semejante desde que la hermana Agnes le rompió una espada de madera en la cabeza durante un entrenamiento.

La joven abrió los ojos con dificultad, algo tiraba de su ceja derecha, los dedos llegaron antes que el sentido común y más dolor fue la recompensa a su curiosidad cuando tocó con la mano los puntos de sutura. -¡Auch!- 

Edora estaba sentada a su lado con un pesado libro sobre el regazo. -Oh, mira quien ha vuelto al mundo de los vivos.- Fue entonces cuando Vastraea se dio cuenta de que estaba en una cama. ¿Desde cuando tenían camas? Miró a su alrededor con visible aturdimiento. La planta superior de la casa del perista no parecía la misma, en su "ausencia", se habían sucedido muchos cambios.

Las ventanas habían sido reparadas, más o menos, algunas reemplazadas por ventanas de otras casas, otras tapadas con tablones. Se escuchaba el viento aullar fuera en la fría noche. También tenían un par de camas nuevas, y unas literas. Además de una estufa de carbón sobre la 
que reposaba un cazo de metal.

Sálaman dormitaba en un viejo butacón, cerca de la estufa con Manitas a sus pies. Por algún motivo desconocido, la siniestra marioneta animada había empezado a comportarse como un gato doméstico.

Vastraea se incorporó apoyando la espalda sobre el cabezal de la cama. -¿Que pasó? Recuerdo llegar a la plaza del reloj... poco antes del eclipse, pero no mucho más.- Inquirió, con voz ronca.

-Nos dieron una paliza de muerte. Tu acabaste con una flecha en la cabeza, suerte que en tu caso no cuenta como órgano vital.- Su maestra, solo un poco mayor que ella le dedicó una sonrisa insolente. -La parte positiva, es que por fin encontramos algo de botín decente. Ha servido para pagar todas las comodidades que ves.-

Vastraea asintió lentamente como si de repente todas las piezas fueran encajando. -¿Y los demás?-

Edora cerró el libro con suavidad. -Nuestro silencioso a la par que incapaz asesino ha salido de patrulla, Sir Mohoso monta guardia en la planta baja y he despedido a los arqueros.-

Vastraea guardó silencio unos segundos. -¿Y el motivo?-

Edora se puso de pie, y agarró un cuenco de cerámica, en el que sirvió un poco de lo que había en el cazo sobre la estufa. Para regocijo de Vastraea resultó ser delicioso vino caliente, aderezado con miel y bayas rojas. Dio un sorbo en silencio que le supo a gloria. -Pues los he despedido porque tenemos algo mucho mejor para reemplazarlos...-

Vastraea alzó una ceja con incredulidad, y los puntos le dieron un aviso en forma de molesto pinchazo -¡Auch! ¿Algo mucho mejor que arqueros entrenados? Te recuerdo que nadie sabe manejar un arco a parte del tipo siniestro, y ni siquiera él parece hacerlo muy bien.-

Edora acercó su cara a la de su aprendiza, deteniéndose a unos pocos dedos de distancia y le dedicó su mejor sonrisa. -Mucho, mucho mejor...-



Bienvenidos niños y niñas a la agencia de turismo de Felstad, la única que hay. Ofrecemos paquetes descuento para grupos de no más de 10 personas, siempre y cuando todas esas personas estén vivas y sean mayores de edad. Solo unas pocas monedas te separan de unas vacaciones de ensueño en una ciudad helada llena de criaturas peligrosas.


Vive la aventura, rescata tesoros, y encuentra tu pareja perfecta en este viaje de cuento de hadas. Felstad está llena de ghouls divorciadas, deseando conocer a hombres solteros en tu zona. Si buscas esa belleza que solo puede encontrarse en una mujer calva, de dientes afilados, con  las tetas caídas y aliento a carne podrida, has venido al lugar adecuado.

MI MUJER IDEAL COME MUERTOS

Estamos ocupados cerrando cosas, incluyendo la temporada del podcast y lidiando con la ola de calor. Vuelta a dormir poco. No me puedo quedar hasta las tantas escribiendo y pintando moñecos. Pero hace un par de semanas echamos batalla a tres, Rubio, vs Eddie, vs Marrón. El escenario del eclipse, del segundo libro de Frostgrave..


Aproveche para currarme un marcador para los turnos del eclipse, ni que decir que no le hicimos ni puto caso porque estábamos ocupados matándonos a caraperro, pero queda bonito en la mesa. El pebetero en forma de aguilucho es de un kit viejo de Mom, con un imán gordo en la parte baja para no perderlo por el camino.

En la repetición de las mejores jugadas (por lo menos las que tengo en fotos), solo dos esta semana. La primera es consecuencia de lo mucho que me gusta llevar la contraria el Sr. Rubio. Estaba quejándose de que Frostgrave es de esos juegos a los que puede jugar uno solo, que se puede jugar evitando al contrario, yendo solo a por los tesoros, y blablabla.

Pues nada, flechazo en el ojo y ladrón muerto. La patada en el avispero surtió el efecto deseado y el Sr. Rubio mandó parte de su banda a pegarme. Pero el destino quiso que entraran un zurrón de monstruos en cuestión de un solo turno. 2 Zombies, 2 Rangíferos y 1 Vanilla Ice Troll cantando "ice ice baby...".

De repente había mucho monstruo en mesa, me empecé a preocupar, porque tenía todas las miniaturas activadas y se me podía dar la vuelta el tema. Pero Deus Ex Machina, con Machina en mayúsculas, el autómata al que había dicho que iba a jubilar al principio de la partida hizo carne picada con los monstruos Npcs.

El fistro-bot se puso a dar vueltas en plan molinete, sierras girando a toda velocidad y empezó a triturar Rangíferos y Zombies. Saltando pedazos de bichos por todas partes. El trasto funcionó tan bien, que no solo no lo he despedido, si no que me he fabricado más (ver más abajo).

En cierto momento me vi rodeado por la banda del Sr. Marrón y la del Sr. Rubio. Mi asesino no consiguió matar a dos miniaturas del Sr. Marrón pese a impactarles varias veces, lo mismo con las granadas, no había forma de acabar con ellos.

Así que en el último turno que jugamos cubrí mi retirada con barreras de niebla, pero retrocedí demasiado y me quede delante de un arquero moskovita del Sr. Rubio, que le hizo un headshot de 20 a la aprendiza y la dejó muerta en el frío suelo.

PERO NO SON TODO MALAS NOTICIAS

A los Arqueros no los despedí como tal. Antes de la partida tuve potra y saqué dos tiradas para Animar Constructo, los dos de tamaño medio. Estaba tan emocionado que los puse en mesa sin fijarme en que dejaba fuera, tendría que haber pateado de la banda a los ladrones, que cuestan 0 monedas de oro. Pero no.

Ya tenía un Constructo Pequeño en forma de marioneta asesina y uno medio que estrené en esa partida. El segundo Constructo Medio al final fue un proxy en forma de Tomberi de piedra. Así que en cuanto llegue a casa asalté la caja de restos y me hice dos constructos de Scratch, uno medio y otro pesado.


Cuando pinté los constructos, aproveche para acabar una miniatura de Infantryman que tenía a medias. La monté originalmente para esta banda, así que la voy a utilizar... no sé cuando. Como el resto, también viene de Greoria y por tanto de Oathmark. Pero todavía no he pensado un trasfondo para ese moñeco.

Esta es la foto de familia. Todo miniaturas pintadas expresamente para esta banda. Las miniaturas prestadas de la banda de Centurius me han hecho un gran servicio, pero tienen una estética y un concepto muy diferente. Esa banda la pinté casi toda con grises y colores fríos, lo que me pareció muy adecuado en su momento.

En esta cada una tiene su esquema, lo que les da su personalidad individual, sin que haya una gran descohesión. Menos por el tema del tamaño de las minis de metal, que se ve que son más grandes que el resto de humanos, parecen todas de la misma banda, bueno, al menos a mi me lo parecen.
 
+ + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + +

Esta semana si el tiempo y la autoridad lo permiten, le doy los últimos toques a los Gravediggers y ya salto a otra cosa. Starcraft seguramente, será el proyecto para este verano, asqueroso y caluroso verano, verano de shit.

Seguiremos informando.

martes, 30 de junio de 2026

[Sr. Marrón] Frostgrave: Las Aventuras del Asombroso Cynaghan III (incorporaciones y enfrentamiento)

—¡PUM!

El cabo Rutger Arms aterrizó sobre una mesa de la taberna. La madera cedió, las jarras salieron volando y un plato de estofado acabó sobre un cliente que no tenía nada que ver con la pelea.

Rutger escupió sangre y un diente.

—Ese era bueno.

—¡Vamos, Tigre! ¡Levántate! —animó la espada desde la vaina—. ¡La perseverancia es la clave del éxito!

—Te voy a utilizar para remover el carbón.

Frente a él estaba Manfred Dagger. Su eterno rival. Habían competido por ascensos, recompensas, y en ocasiones...mujeres. 

Manfred sonrió. Era una sonrisa que Rutger llevaba veinte años intentando borrar a puñetazos.

—Te estás haciendo lento.

—Y tú sigues siendo apestoso.

Manfred avanzó, amagó un golpe y lanzó otro.

Rutger no se tragó el engaño, recibió el impacto amortiguándolo con el hombro y respondió con un gancho que hizo retroceder varios pasos a su rival.

—¡Ohhhh! —rugió la taberna.

Ambos volvieron a lanzarse el uno contra el otro.

Justo entonces se abrió la puerta. Waldo entró acompañado por Hans que rápidamente se interpuso entre los dos combatientes. Detrás de él, apareció Nana. La anciana avanzó despacio, ajustándose sus pequeñas gafas redondas.

Rutger y Manfred la vieron. Y, para sorpresa de todos, bajaron ligeramente los puños.

La última persona que había ignorado a Nana durante una discusión había pasado tres días "indispuesto" en una letrina.

—Ya es suficiente—dijo Waldo, sin demasiada seguridad.

—Él empezó.

—Mentira.

—Cállense los dos —dijo Nana con una voz amable y al mismo tiempo, amenazante.

Hubo un silencio inmediato.

—El Asombroso Cynaghan quiere veros.- dijo Waldo.

Las caras de Rutger y Manfred empeoraron al instante.

*********

Bienvenidos de nuevo, seguimos con nuestra campaña de Frostgrave, en esta ocasión tras los eventos ocurridos en las anteriores partidas, poco a poco los magos han ido haciendo una foto general de lo que ha ocurrido, su antiguo sire, Garbeowyn, estaba involucrado en un plan para evitar el despertar de lo que se considera una leyenda olvidada en Felstad: El Lord Liche.

además ahora tienen una misteriosa esfera azul que les guía

Éste quedó atrapado en los subterráneos de la ciudad, pero ahora que se está descongelando una parte de la ciudad, parece que su cárcel de hielo también se está debilitando, y ha utilizado su consciencia y presencia para movilizar a sus agentes para preparar este regreso.



Mientras tanto, en la banda del Asombroso Cynaghan, se ha incorporado un nuevo miembro, y un viejo conocido del cabo Rutger, Manfred Dagger, un buscador de peleas, malcarado y que está continuamente buscándole las cosquillas al cabo, y  suponemos que como Rutger está haciendo las de "capitán", eso a Manfred y que encima es su rival de toda la vida, no lo está llevando bien, pero el mago paga bien, y Manfred es un reconocido caza tesoros.

Sigo con mi política de ir "retirando" a los civiles, e ir reclutando a soldados y especialistas, o mejor dicho, profesionales, y Manfred cubre esas necesidades.

De echo, debutó en la partida que detallaremos más adelante, haciendo lo que se supone que debe hacer: encontrar tesoros y huir con ellos.


Y es que hemos llegado a un punto de la campaña donde se aplican algunos escenarios del Deshielo de Lord Liche, y a los jugadores se les proporcionó un poema que habla de ciertos puntos o elementos que anuncian el retorno de esta peligrosa entidad:

una breve foto de la "interface" que les hice a los jugadores.

La Batalla del Sol Sombrío


(en este enfrentamiento se encontraron las bandas de Eddie, el Sr. Rubio y un servidor, en el escenario del Eclipse)

Avanzar sin resbalar y romperse la crisma ya era complicado de por sí. Hacerlo bajo una lluvia helada, con la noche cayendo y unas ruinas llenas de trampas era, sencillamente, una mala idea. Pero nadie había ido a Felstad en busca de buenas ideas.

Cynaghan levantó una mano para detener la marcha.

—Hay otros magos cerca.

Rutger suspiró.

—Genial.

Al llegar a una plaza parcialmente derruida los vieron.En el centro había dos mujeres con túnicas de hechicera que discutían acaloradamente.

Ninguna de las dos le sonaba a Cynaghan. Y eso le preocupaba.

Últimamente estaban apareciendo demasiadas mujeres practicando la magia. Era una tendencia que el viejo mago no terminaba de comprender. Bastante tenía ya con Nana, que utilizaba una misteriosa forma de hechicería capaz de obligar a la gente a hacer exactamente lo que ella quería. 

Cynaghan llevaba semanas intentando averiguar cómo funcionaba, aunque sospechaba que no era magia. Sino algo mucho peor.

Las dos hechiceras apenas prestaron atención a la llegada de la expedición. Su discusión fue subiendo de tono. De las palabras pasaron a los insultos. De los insultos...

...a los conjuros.

—¡Uy! —exclamó Cynaghan.

Sin pensárselo dos veces, se agarró la túnica con una mano, el gorro con la otra y salió corriendo poco dignamente,  hacia el muro más cercano con una agilidad sorprendente para un hombre de su edad.

No era una retirada. Era una reubicación táctica muy rápida.

Llegó jadeando junto al resto de la banda.

En ese mismo instante una esfera luminosa, del tamaño de una piña, pasó silbando por encima de sus cabezas, impactando contra un edificio en ruinas.

¡BOOM!

Media fachada desapareció entre polvo, piedras y hielo.

Cynaghan abrió mucho los ojos.

—¡¡Uooo!! ¡¡Nos atacan!!

Rutger contempló tranquilamente el boquete que acababa de aparecer.

Luego miró al mago.

Otra explosión hizo temblar la plaza.

Rutger, comprendió lo que debía hacer y desenfundó la espada.

—Ahora nos toca a nosotros.

Una voz surgió de su espada.

—¡Eso es, toma el liderazgo!

Rutger cerró los ojos un instante.

—Va a ser un día muy largo.

****

La escasa iluminación obligó a la banda a avanzar mucho más agrupada que de costumbre.

Rutger encabezaba el grupo principal, que se internó entre los restos de una casa derruida.

Mientras tanto, Hans y Manfred exploraban una antigua mansión señorial, seguidos, cómo no, por el Loco del Pato.


Como era de esperar, el primero en encontrar algo fue el mendigo. Un pequeño cofre.

—¡Tengo un tesoro... y me voy!

Y salió corriendo. Nadie intentó detenerlo. Se había convertido ya en una tradición.

Waldo lo observó alejarse negando con la cabeza.

Cynaghan, por su parte, sacó teatralmente de una de sus interminables mangas al ya famoso búho.

El ave remontó el vuelo torpemente  hasta el capitel de una torre cercana. Dándole una buena panorámica de la zona



El mago cerró los ojos.

—Ya os veo...

A través del búho localizó a las bandas rivales... y, sobre todo, a los magos enemigos.

******

De repente, una figura vestida de negro cruzó como un relámpago delante de Jonas. Agarró un cofre y apenas había dado dos pasos cuando...

—¡Zas!

Una flecha le atravesó el pecho. Hans bajó el arco con tranquilidad.

—Uno menos.

Jonas se acercó al cuerpo y, tras comprobar prudentemente con el pie que estaba muerto, recogió el cofre. Al instante sintió un escalofrío.

Su espada comenzó a brillar con una tenue luz azul y todos sus sentidos parecieron agudizarse.

—¿Qué...?

—No te preocupes —dijo Rutger, apareciendo tras él—. Es cosa del mago. Uno acaba acostumbrándose.

No terminó la frase.

Una pequeña estatua de piedra salió corriendo de entre las ruinas blandiendo un diminuto cuchillo.

Rutger intentó interceptarla, pero llegó tarde.

Jonas apenas tuvo tiempo de levantar la espada. Consiguió desviar el ataque, aunque la hoja de piedra le abrió un corte en el muslo.

—¡Maldita figurita!

Rutger entró por fin en combate. Entre ambos derribaron a la criatura a golpes, aunque no tuvieron tiempo de celebrarlo.

BOOOOOM.

BOOOOOM.

Varias esferas de luz comenzaron a caer sobre ellos, explotando entre las ruinas.

—¡A cubierto! —rugió Rutger.

Los dos echaron a correr mientras las explosiones levantaban nieve, piedras... y algún que otro trozo de estatua.

*****

Cynaghan observaba el combate con una mezcla de fascinación y prudencia.

Las dos hechiceras seguían demasiado ocupadas intentando reducirse mutuamente a cenizas como para fijarse en ellos. Entre bolas de fuego, esferas explosivas y rayos de colores, estaban ofreciendo un espectáculo digno de una fiesta mayor... si uno ignoraba el pequeño detalle de que todo explotaba.





Fotos de las bandas de Eddie y Rubio luchando entre ellas y contra la fauna

A su alrededor reinaba el caos: Mercenarios luchando entre sí. Cadáveres animados. Gólems de metal oxidado. Enormes hombres bestia.

Y, durante un instante, Cynaghan juraría haber visto un troll.

—Un puñetero troll... —murmuró ajustándose las gafas.

Decidió no mirar dos veces. A veces Felstad mejoraba cuando uno dejaba de prestarle atención.

El viejo mago poco podía hacer en semejante batalla. Se limitó a reforzar a los suyos, lanzar alguna curación a distancia y confiar en que Nana llegara antes que la Muerte. La anciana ya se había plantado junto a Rutger y Jonas, repartiendo brebajes con el mismo cariño con el que un sargento reparte broncas.

Entonces Waldo llegó jadeando.

—¡Maestro! ¡Los botines están asegurados!

Cynaghan levantó la vista. El eclipse ya cubría el cielo por completo.

Asintió.

—Bien. Ya hemos visto suficiente ciencia por hoy.

—¿Nos retiramos? —preguntó Waldo.

—Retirada táctica.

—¿Cuál es la diferencia?

—Que en la retirada táctica conservas la dignidad.

Desde el otro lado de la plaza una explosión derribó media fachada de un edificio cercano a ellos, y un espeso banco de niebla oscura se estaba materializando a unos metros de ellos...

Cynaghan carraspeó.

—Y, sobre todo, conservas la vida.

Rutger no discutió la orden.

Nana tampoco.

Aquello fue suficiente para que todos comprendieran que, efectivamente, era hora de marcharse.

****

En las partidas de 3 jugadores, a veces pasa que uno se queda un poco "desconectado" del resto de la partida, y en este escenario era más habitual, debido a que la linea de visión se va reduciendo considerablemente conforme avanza la partida. Con lo que me encontré avanzando tranquilamente, con algún pequeño encuentro que fácilmente pude neutralizar, y centrar toda mi atención en el centro de la mesa para llevarme el tesoro central. Al final me salí con la mía.

Con lo que en esta partida me había ido bastante bien, gracias a los conjuros para "bufear" a mis soldados y tener un fácil acceso a ir curando a la gente, al final del encuentro no había sufrido ninguna baja, pese a tener muchas miniaturas heridas. Encima me saqué 3 marcadores de tesoro que me dieron más dinerín, un arco mágico que va a ir para Hans (tiene una fijación extraña en eliminar Ladrones enemigos con One-shots, seguro que puedo sacar alguna historieta de ello).

Como guinda final, durante el descanso en la Biblioteca (la guarida donde descansan) se encontraron un pequeño pergamino con el hechizo de Petrificar.

El resultado final es que ya tengo al bueno de Cynaghan con nivel 7, con mejoras en hechizos, y uno nuevo que ha aprendido y seguro que le podrá sacar partido.


Nos vemos en la siguiente crónica.

jueves, 25 de junio de 2026

Historias de Felstad (Informe): Batalla del Tesoro Embrujado

(La siguiente historia es escrita por el Camarada Mò, del enfrentamiento El Tesoro Fantasmal contra Rekens) 


Encuentro tras seguir un rastro arcano.

(O cómo Noxor, el endeble, aprendió que la verdadera fuerza no radica en no caer nunca, sino en levantar a aquellos que ya han caído hace tiempo cada vez que la adversidad te golpea)



La escarcha crujía bajo mis botas como los huesos de un recién nacido. Felstad. La joya congelada en un fin del mundo oculto a los profanos. Un lugar tan acogedor como el abrazo de una tía tísica y con un clima que haría que un cabestro adulto empeñase sus testículos por algo de calor. La niebla lo envolvía todo en un sudario gris, un velo de tedio absoluto que se pegaba a la piel y al alma. Allí estábamos, mis harapientos hombres y yo, Noxor, el endeble, un nombre que, he de admitir, no ayuda a la autoestima, pero que describe a la perfección mi constitución física y el camino recorrido con sobrecogedores esfuerzos. Tampoco lo escogí yo, pero hice del insulto una parte de mi. Del escarnio, una fortaleza.

El rastro mágico, una pestilencia arcana que solo un imbécil, o un discípulo de Garbeowyn, no podría ignorar, nos había conducido a aquellas ruinas. Un patio adoquinado que antaño debió de ser un lugar importante, quizás donde los antiguos dueños de Felstad iban a azotar a sus sirvientes, o a celebrar aburridos festivales de la cosecha. Ahora solo era un escenario para una tragedia. Y allí, en el otro extremo, como una mancha de un aceite rancio en un paño mortuorio, estaba él. Jomer el Amarillo. El brujo Ictérico.

Su piel, un homenaje viviente a la ictericia, resplandecía con un tono enfermizo incluso en la penumbra. Un brujo. Siempre tan… visceral. Recuerdo nuestras lecciones con Garbeowyn. Mientras yo intentaba desentrañar las sutilezas de la nigromancia, él se dedicaba a maldecir el hígado de las vacas del establo por puro despecho. Profesionalmente lo desprecio, por supuesto. Pero en algún rincón oscuro, y no confesado de mi ser, aprecio su dedicación al oficio. Es un fastidio constante, pero un fastidio con estilo, como una verruga particularmente bien situada. Jamás se lo diré, naturalmente. Preferiría besar a un demonio de la peste en la boca.


—¡Noxor, lacra descolorida! —graznó Jomer, su voz como el chirrido de una puerta de cripta oxidada—. ¿Has venido a que te done un poco de mi color? ¡Vas más pálido que un cadáver de tres semanas!


—Querido Jomer —respondí, con una calma que no sentía, mientras mis dedos se entumecían—, veo que tu hígado sigue filtrando bilis directamente al cerebro. Es la única explicación para tu osadía. ¿O acaso confundes la magia negra con la indigestión crónica?


El intercambio de cortesías se vio interrumpido por algo que heló la sangre más que el gélido viento de Felstad. Del interior de una torre en ruinas, surgió una figura. No era un hombre. Era un Espectro. Un guardián de ultratumba, una cosa de frío absoluto y odio ancestral que debía llevar siglos custodiando algún tesoro olvidado entre aquellos escombros. Flotaba, etéreo y terrible, con la promesa de una muerte peor que la que había en sus ojos vacuos.


—¡Un espectro! —aulló uno de los matones de Jomer, un bárbaro con más músculo que seso, cuya inteligencia rivalizaría con la espada que portaba.


—¡Ballestero! ¡La saeta sacra! —chilló Jomer con esa voz suya de rata acorralada.


Y entonces, ocurrió. El ballestero de Jomer, un tipo con cara de estar estreñido desde la última luna llena, disparó. Un virote llameante, imbuido con una magia ridículamente efectiva, surcó el aire. No fue un vuelo elegante, sino un zarpazo de luz barata en la penumbra. Atravesó al Espectro justo en el centro de su forma inmaterial. Hubo un silencio incrédulo, un aullido que no era sonido sino una vibración en el tuétano, y luego… nada. El guardián eterno, el terror de las ruinas, se desvaneció como un pedo en un vendaval. Simplemente, desapareció, esfumándose en la nada sin dejar rastro. Fue tan anticlimático que casi pude oír a la propia Muerte soltar un bufido de decepción.


—Bien —dije, sin inmutarme—. Eso ha sido un presagio de que esta va a ser una tarde de mierda. Al ataque, mis inútiles esbirros.


Y la carnicería empezó. Un auténtico festival de sangre y crúor. Las flechas surcaban el aire, las espadas se estrellaban contra escudos y cráneos. Yo, mientras tanto, me concentré. Sentí el familiar y delicioso cosquilleo de la nigromancia fluyendo desde mi nuevo hogar, esa acogedora cripta donde cosecho tejido muerto y otras exquisiteces. El cansancio crónico, mi estado natural, empezó a disiparse. Es una sensación maravillosa, como si la vida real fuera una resaca y la nigromancia un caldo sustancioso. Me sentí físicamente mejor, más crecido. Los tendones me crujían con energía renovada.


—¡Por las pústulas supurantes de Ur-had! ¡Levántate, Ovrozis! ¡No te quedes ahí mirando como un besugo a medio descomponer! —le ladré a mi aprendiz.


Necrosador Ovrozis. Un nombre imponente para un completo y absoluto inútil. El muchacho tiene la capacidad mágica de un canto rodado. Le pedí que animara un esqueleto de rata una vez y lo único que consiguió fue que le diera alergia. Observaba la batalla con la misma expresión de embobamiento que un perro al que le enseñan un truco de cartas. Confiaba en él tanto como en un ungüento para la lepra hecho de ortigas.



Pero yo no lo necesitaba. Alcé mis brazos y recité palabras que sabían a moho y desesperación. La tierra se agitó. Del suelo adoquinado, entre la niebla, surgieron mis creaciones. Zombis de carne cenicienta y andares torpes, cráneos animados que castañeteaban sus dientes con un ansia asesina. Mis niños. Mis pequeños y hediondos niños. Se lanzaron contra las filas de Jomer con un entusiasmo carente de toda habilidad pero sobrado de hambre.

Luego, el toque maestro. Para mi querido Jomer y sus hombres, entre ellos su patético bárbaro, que ya estaba ocupado intentando aplastar un cráneo animado como quien espanta una mosca particularmente persistente, tenía reservadas varias sorpresas. Ver las acciones del bárbaro me puso creativo, así que conjuré una Plaga de Insectos. No mariposas, no. Un enjambre de moscardones con el vientre hinchado de podredumbre. Los insectos atacaron a uno de los matones de Jomer, pero molestaron especialmente a su bárbaro. El bárbaro, un hombretón que podría estrangular a un oso, empezó a gritar como una doncella en su noche de bodas. Los insectos se le metían por la nariz, por las orejas, bajo el peto de cuero. Bailaba una danza espasmódica, aullando de agonía mientras el sabueso de guerra de Jomer, un mastín baboso y con cara de pocos amigos, era reducido a una pulpa sanguinolenta por mis zombis. La sangre, caliente y espesa, salpicó la nieve gris como un vómito de rubíes. Fue una hermosa coreografía de sufrimiento.

Fue entonces cuando uno de mis propios ladrones, un desgraciado llamado Remek, decidió robar su pequeño momento de gloria. Había agarrado un botín, un cofre pequeño que emanaba un aura mística, y corría hacia nuestra zona. Pero las ruinas estaban malditas. El lugar mismo era una trampa para la voluntad. Remek se detuvo en seco, soltó un alarido y se giró. Con una sonrisa de idiota, comenzó a caminar, con el tesoro en brazos, directo hacia las líneas enemigas. Directo hacia Jomer.


—¡Maldito seas, Remek! ¡Te juro que te desollaré para hacer pergaminos! —rugí, con una furia que apenas podía contener.


Mis hombres, benditos sean sus corazones codiciosos y aterrados, consiguieron interceptarlo. Tuvieron que empujar a los hombres de Jomer en una escaramuza brutal, una confusión de acero, barro y maldiciones. Uno de mis soldados recibió un hachazo en el hombro que le abrió la carne hasta el hueso, pero lograron frenar el avance de los hombres de Jomer, y conseguir tiempo para que el pobre Remek, que cayó al suelo balbuceando sobre mariposas de color púrpura y el fin del mundo, no entregase al enemigo lo que ya se había conseguido con esfuerzo.

El combate fue cruento. Brutal. Un descenso a la barbarie más absoluta. Jomer, viendo a su bárbaro convertido en un panal humano ensangrentado por mis insectos y por los filos de mis hombres, a su sabueso de guerra desplomado y a varios de sus hombres muertos o huyendo, tomó la única decisión sensata en un día de decisiones estúpidas. Agitó sus brazos amarillentos, maldiciendo entre dientes, y ordenó la retirada. Nos lanzó una última mirada, una mezcla de veneno puro y, me atrevería a decir, un ápice de respeto a regañadientes.


—¡Nos veremos, Noxor! ¡La próxima vez te arrancaré el bazo y lo usaré para adivinar el futuro!


—¡Para entonces, Jomer, tu hígado ya lo habrá predicho con quince días de antelación! —le espeté, con una sonrisa fina como un corte de papel.



Y se fue. Mis no muertos, con la lentitud de quien no tiene nada mejor que hacer, se dedicaron a rematar a los caídos mientras el resto de mis hombres saqueaba el lugar. Recuperamos dos tesoros. Monedas, las suficientes para mantener la cripta en funcionamiento y pagar el alimento de las hambrientas almas de mi manada. Pero lo mejor, la verdadera joya, fueron dos antiguos grimorios. Conjuros que no se habían pronunciado en siglos. Magia que haría que los hechizos de Jomer parecieran trucos de feria para entretener a niños tullidos.

Jomer, por su parte, se llevó sus propios botines. Oí decir a uno de mis hombres que sus cofres estaban repletos de monedas. Oro contante y sonante. Práctico, el ictérico. Muy práctico. Siempre tan pragmático para el mal.

Mientras la niebla volvía a cerrarse, más gris, más opresiva que nunca, observé el patio lleno de cadáveres. La sangre se congelaba en charcos de un granate oscuro. La escarcha empezaba a adornar los rostros de los muertos. Un día productivo. Encontramos el rastro de Garbeowyn. Un rastro que nos había llevado a esto, a matarnos entre hermanos de siniestra tutela. ¿Qué futuro nos espera? Uno atroz, sin duda. El maestro siempre tenía planes dentro de planes. Su legado es una losa de hielo sobre nuestras cabezas.

Recogí mis grimorios. Acaricié el cuero podrido de las cubiertas. Olí el conocimiento prohibido. Miré a mi aprendiz, Necrosador Ovrozis, que intentaba animar un dedo cortado y solo conseguía que le temblara el suyo propio. Le dediqué una sonrisa paternal, de esas que esconden un profundo deseo de estrangular al portador de tu sangre mistérica.


—No te preocupes, Ovrozis —le dije, con una ternura más falsa que una reliquia bendita en un mercado—. Algún día, si te esfuerzas, puede que consigas animar un padrastro.


Me giré y volví a mi cripta, al silencio de los muertos. Eran, con diferencia, mejor compañía que los vivos. Y mucho más silenciosos que los aprendices. El mundo seguía gris, frío y opresivo. El espectro y su tesoro se habían desvanecido como una promesa rota. Pero yo me sentía bien. Más fuerte. Más endeble, quizás, pero con dos grimorios nuevos y la certeza de que, por hoy, había ganado. Aprecio a Jomer. De verdad que sí. Es el único rival que me hace sentir que mi existencia, al fin y al cabo, tiene un poco de asquerosa diversión.