viernes, 29 de mayo de 2026

[Eddie Cabot] Frostgrave - Vamos a necesitar un Mausoleo más grande.

"La primera incursión no había ido tan mal. La expedición de Edora había vuelto al campamento de Centurius con algo de botín y con todos sus miembros sanos y salvos, excepto por un par de bárbaros que acabaron lesionados en una pelea con otra banda rival.

A primera hora de la mañaba y en el exterior, Edora y Centurius disfrutaban de un tazón de vino caliente con miel, mientras paseaban y conversaban de forma animada. La joven prestaba gran atención al anciano, que era una fuente inagotable de conocimiento sobre Felstad.

Este le habló del problema recurrente de un mausoleo local, una tumba para héroes, y que en ocasiones, los cuerpos que allí descansaban eran reanimados y emergían de su morada eterna para atacar a los vivos.

A Edora no le sorprendió tanto el relato de necromancia como lo hizo el número de veces que había sucedido hasta la fecha. ¿Cómo era posible? Centurius se encogió de hombros, y le explicó que cada vez que una fuga de no muertos era contenida, los soldados que morían combatiendo a los resucitados eran enterrados en ese mismo lugar, como héroes. Por lo que el mausoleo nunca estaba falto de inquilinos.

Edora comprendió al instante que en Felstad habia algo mucho peor que criaturas malignas y no muertos. Su principal problema eran los imbéciles que acudían a liberarla. Un peligro mucho mayor que el propio Liche".



Bienvenidos niños y ninjas, a la casa de...las cosas que hago cuando no duermo. Seguimos con la campaña del Frostgrave, o mejor dicho, no seguimos. Una repentina epidemia de diarrea vírica ha dejado parado el turno de esta semana, esperamos que los afectados mejoren pronto y vuelva a su vida normal... es decir, fuera del water.


De haberse jugado esta semana, una de las dos misiones disponibles era la del Mausoleo. Una que he de reconocer que nunca jugamos en su día, precisamente por no disponer de uno. Podríamos haber usado cualquier edificio, pero ya sabéis lo maniáticos que nos podemos volver cuando pasamos de los 40.

LOS CUARENTA PRINCIPALES

¿Sigue existiendo esa mierda? Hace una eternidad que no escucho la radio. El tema es que tenía mogollón de materiales por casa, de cuando hicimos las mesas para jugar al Trench Crusade, esas que no veréis jamás. Y además de materiales, había ganas de gastarlos.

Lo bueno de este proyecto, es que he descubierto que me gusta mucho más el contrachapado que e mdf para trabajar. Se corta mejor y pesa menos. Eso sí, se comba que da gusto. A esa base le tuve que pone unas pesas de 4 kilos encima para quitarles esa fea curva. Alerta spoiler, no lo consegui, pero por otros motivos que explico más adelante.

Centurius y el fantasma rosita aparecen en esta entrada solo para dar fe de la escala del proyecto. Cada pared mide de lado 6" tal y como especifica la descripción del libro. Luego lo hice especialmente alto para que tapara bien la línea de visión y quedara más impresionante en el centro de la mesa.

La primera idea es que la parte interior y superior de conjunto fueran jugables, pero empecé el lunes con esta shit y la quería para antes del sábado. Lo de representar el interior quedó descartado a la primera de cambio y lo hacer el tejado jugable tan pronto vi que no iba a quedar bien.

Así que le hice un tejado a dos aguas para tapar el "desván" y a correr. En este punto es cuando el Sr. Marrón dijo que parecía una casa para pájaros. 


Las tejas son old school, hechas con cartón de una caja de puré de patatas. Pero hice corto de cartón, le habrían venido bien más tiras. Cada tira mide 2.5 cm, que es lo que miden más o menos las miniaturas de pies a ojos. Con lo que imaginaos a escala el tamaño que tendrían esas tejas. Queda vistoso, pero no es creible.


Paso final antes de imprimarlo. Embadurnar las partes mas planas con masilla para madera, no hace falta usar de la buena, la del chinorri es perfecta. La aplicas a pegotes y la estiras lo mejor que puedas, sin preocuparte de que quede uniforme. Lo dejas secar toda la noche y listos.


Foto con la imprimación todavía húmeda. Ahí se aprecia la textura que le queda a las tejas. Buena para pincel seco. Para la imprimación, mi recomendación, spray mate del chinorri también. Nos interesa una capa espesa y apestosa que proteja lo que haya debajo. No os gastéis el spray bueno en imprimar escenografía, no os vais a presentar con ella al Golden Demon.


Antes de ponerme en serio con la pintura, algo de spray de color. Verde oscuro y marrón desértico o algo así. Si el elemento fuera para un torneo, os juro que se quedaba así de pobre y misterioso. Pero como pretendo hacer un informe de batalla con él, necesita más trabajo.


Muchas capas de gris más tarde, este es el resultado a la luz de la lámpara del cuarto. Para el tiempo invertido está muy sexy. El tejado podría estar mejor, pero como no tengo que subir las miniaturas allí, no necesito que gane un concurso de belleza. Lo he comprobado, las miniaturas no se aguantan ahí arriba, van resbalando poco a poco.


Y este es el resultado con luz natural, tras una capa gorda de spray mate. Se ve un poco raro todavía, pero porque está en una mesa de terraza, en cuanto lo ponga sobre un tapete y lo rodee de escenografía y esqueletos bailongos lucirá como es debido.

Mi primera opción para el pintado fue la de hacerlo todo invernal y gélido. Pero luego recordé que estamos usando la escenografía del 40K y del Warma, que es tirando a oscura. Así que dejé unos tonos más parecidos a los de los elementos que ya tenemos.


Aunque no se aprecia en la foto, está coja como una mala cosa. La enana se coló en el cuarto y regó con agua de los pinceles la mesa. La base que es de contrachapado de la bebió a toda velocidad y se combó cosa mala. Lo pude medio arreglar poniéndole unas peanas en una esquina para hacer de "tacón" y ahora se mueve algo menos.

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Próxima entrada más Warma, tengo casi acabadas las defensas, solo me faltaban dos. Y además la entrada viene con sorpresa. No os cuento nada, estad atentos a la newsletter.

¿No tenemos una newsletter? ¿Qué invento es este?

Seguiremos informando. 

jueves, 28 de mayo de 2026

[Sr. Marrón] Frostgrave: Las Aventuras del Asombroso Cynaghan (banda y enfrentamiento)

Waldo estornudó con una violencia descomunal.

El sonido rebotó entre las ruinas heladas como si alguien hubiera disparado un cañón dentro de una catedral. Y eso tenía mérito, porque la tormenta rugía sobre ellos con tal fuerza que hasta las piedras parecían querer marcharse a otro sitio.

—Sssshhhhh —bufó el Cabo Rutger, girándose con una mirada asesina hacia el aprendiz de mago.

Waldo sorbió por la nariz.

—Lo siento…

Rutger siguió observándolo unos segundos, como valorando seriamente si abandonarlo a los lobos helados mejoraría la misión.

Luego miró al viejo Cynaghan.

El mago, completamente ajeno al mundo real como de costumbre, estaba de pie en mitad de la nieve mirando las nubes con expresión solemne. Movía un dedo lentamente por el aire mientras murmuraba cosas incomprensibles.

—“El ojo observa el sendero de ceniza… la luna devora el velo… las corrientes convergen…”

Rutger suspiró.

"Cosas de magos."

Una figura encapuchada pasó velozmente junto a él. Era la muchacha del grupo, ligera como una sombra y probablemente igual de peligrosa. Rutger la frenó extendiendo el brazo.

—Quieta. Esperemos a que vuelva el explorador y nos diga si delante hay monstruos, trampas o alguna muerte espantosa.

En ese preciso instante, Cynaghan levantó una mano dramáticamente.

—Ya podemos avanzar. Nuestro enemigo nos espera.

Rutger cerró los ojos despacio.

—Claro. Perfecto. ¿Para qué esperar al explorador pudiendo morir por intuición mágica?

Waldo se sonó la nariz con un ruido húmedo y terrible.

Angus le dio unas palmadas amistosas en la espalda que casi le desmontaron la columna vertebral.

—Ánimo, chico. Mi primo Fred estornudó una vez en unas ruinas antiguas y solo murieron tres personas.

—“¿Solo?” Eso no es tranquilizador —gimió Waldo.

Entonces todos se giraron al escuchar una voz acercándose entre la nieve.

Era el Loco del Pato.

Nadie sabía su verdadero nombre. Probablemente él tampoco. Caminaba tambaleándose mientras hablaba animadamente consigo mismo o con el pato que le seguía a todas partes, desde hacía unas semanas

—Sí, sí… claro que hace buen tiempo —decía alegremente.

Todo el grupo levantó la vista hacia el cielo.

Negros nubarrones cubrían las ruinas. Relámpagos verdes parpadeaban entre las nubes y una ventisca infernal les azotaba la cara con nieve helada.

Hubo un silencio incómodo.

—Bueno —gruñó Angus finalmente—… al menos no llueve.

******

Bienvenid@s al peor rincón de Felstad, un lugar frío, letal y muy hostil. 

¿Qué podría hacer que un señor mayor saliese de su cómoda, silenciosa y cálida guarida? Pues recibir la carta de tu antiguo sire pidiéndote que vayas, que es muy urgente, y que tiene algo muy chulo para ti...

Ahí estamos, una nueva banda de Frostgrave, bajo el liderazgo de un adivino llamado el Asombroso Cynaghan, y ya después de escoger la figura para representarlo, ha marcado todo el tono de cómo iba a ser la banda, y su trasfondo.

Al final se ha convertido en una banda compuesta por personajes salidos de Ankh-Morpork.


Cynaghan y Waldo

Puedo decir con orgullo que he podido jugar con todas las escuelas de Magia, así que para decidirme qué mago utilizar, decidí utilizar una web donde te genera aleatoriamente el mago de Frostgrave, junto a sus conjuros, el resultado es un mago muy de apoyo y control, que implicara un estilo de juego muy concreto y para nada espectacular.

A la hora de escoger miniaturas, rápidamente me vino a la cabeza una de las que tenía de Mirliton Miniatures, y el aprendiz, también.


Cynaghan, o mejor dicho, el Asombroso Cynaghan es a medio camino entre un erudito y un showman, se podría decir que en un entorno de gente con poca cultura y sentido común, él destaca por ser y parecer sabio. Pero su larga historia de ratón de biblioteca le han convertido en un "perfil bajo" dentro de la comunidad académica de la Magia. Los demás magos lo ven como un charlatán y un mago de baja calidad. Por ello, ahora que ya es bastante madurito, se ha obsesionado con lo de hacerse valer y darse un nombre en la Historia. ¿Qué mejor que hacer una expedición y volver con tesoros y experiencias para contar? Así será un mago como dios manda.

Del sufridor Waldo, poco podemos hablar, aún suerte que sabe leer, y ha demostrado tener cierta habilidad con la magia. Aunque ahora está en una época de su vida que otras cosas le distraen, pero no le importa, él quiere ser un Mago. A las chicas les gusta la magia.


Hans Kivner y Hansel Archer

Por ahora estos son mis especialistas: Un Guardabosques (Explorador) y un Arquero. Ambos aportarán un poco de potencia a distancia.

Hans es el típico guardabosque que lleva tanto tiempo viviendo en soledad que considera al resto de la humanidad como un decorado. Muy de sus rutinas, Hans es poco hablador, disfruta de la Naturaleza, y de los animales, siempre que estén bien cocinados en un buen puchero.

Nuestro arquero, Hansel, es un tipo con mucho nervio, también es miembro de la Guardia, haciendo funciones de vigía. Aunque todavía no lo ha dicho, Hansel es bastante miope, no es mal tirador, pero lo seria mejor si llevase unas gafas.


Ambos son miniaturas de la caja básica de Guards of the Traitor's Toll, realmente todas las siguientes figuras vienen de esa misma caja, así que con la excusa de Frostgrave, estoy montando y pintando figuras para otros juegos...



Cabo Rutger Arms y el Cabo Angus Gisarm

Ambos forman parte de la Guardia, junto a los anteriores, de ahí que todos tengan (más o menos) el mismo uniforme verde. En este caso un Hombre de Armas y un Infantería, respectivamente.


En este caso Rutger y Angus, son otros de los personajes que he ido desarrollando, un poco recordando a los personajes de la Guardia de Mundo Disco, y es que las miniaturas son un poco eso.

Rutger el veterano cínico y un poco alcoholizado, junto a Angus un tipo más afable, pero que parece que vive en otra realidad. Dos personalidades que pese a ser contrarias, se complementan bastante.


Tiana Knive y el Loco del Pato

Aquí comenzamos con los civiles. Dos personajes de perfil ladrón que posiblemente asciendan en algún momento.


Tiana es una misteriosa ladronzuela con un terrible problema de ludopatía y cleptomanía. Pero no se achanta frente a las dificultades de la vida. Ha hecho de sus problemas, su estilo de vida: Ofrece sus servicios por módico precio. 

El Loco del Pato, siempre hay uno así en todo pueblo, nadie conoce la historia de este tipo. Un día apareció de repente, y siempre va acompañado de un pato, un ganso, o por similar bicho que encuentre por ahí. Nadie le ha contratado, pero sigue a la expedición allá donde vaya.


Frederik Mine y Jonas el Impulsivo

Me faltaban los otros dos personajes gratuitos, en este caso, dos matones.


Frederik es un tipo muy intenso y dispuesto a todo, tanto que cuando se enteró que había una expedición a la Ciudad Helada, se apuntó sin pensarlo. Hace unas semanas le compró a un vendedor ambulante un mapa que contenía la ubicación de un tesoro de un rico barón marcado con una "x" roja. Cree que se hará rico con ello.

Por otro lado tenemos a Jonas, él es un joven aspirante a miembro de la guardia (de hecho, ya lleva el uniforme) así que se podría decir que es el becario del grupo, veremos a ver si sobrevive a las prácticas, que es una visita a Felstad...


Y vamos un poco a lo que es la campaña.

Cuando los magos tuvieron que decidir qué puerta utilizar para entrar en la ciudad, Cynaghan tenía buenos presagios con la Puerta del Grifo, así que decidió acceder por ahí.

La siguiente parte es el resultado del enfrentamiento entre el Asombro Cynaghan (adivino) y Jomer el Amarillo (brujo) bajo el mando de Rekens. Correspondiente al escenario Tormenta de Hielo.


La Muerte Viene Desde el Cielo


Conforme se internaban en las ruinas de la ciudad, el cielo fue oscureciéndose hasta adquirir el agradable aspecto de una maldición ancestral a punto de despertar.

Las torres derruidas emergían entre la nieve como dientes rotos. El viento gemía entre los callejones vacíos y, durante un instante, todo quedó en un silencio antinatural.

Entonces estalló la tormenta.

Un relámpago verde cruzó el cielo con un estruendo brutal.

La ciudad apareció iluminada durante un segundo en una sucesión de imágenes espectrales: estatuas decapitadas, arcos derrumbados, sombras imposibles moviéndose entre la nieve…

…y Angus intentando comerse un trozo de cecina mientras caminaba.

El viento golpeó al grupo como una pared sólida. Copos helados y fragmentos de hielo afilado comenzaron a girar en el aire, cortando capas, mochilas y dignidades con igual facilidad.

—¡Cuidado con el hielo! —gritó Cynaghan.

El anciano levantó las manos y empezó a trazar símbolos brillantes en el aire. Las runas chisporroteaban unos segundos antes de desaparecer con dramática elegancia.

Waldo lo imitó apresuradamente.

Las runas del aprendiz parecieron bastante menos impresionantes. Una incluso explotó con un pequeño pop vergonzoso.

Pero el hechizo funcionó.

Los fragmentos de hielo empezaron a desviarse alrededor del grupo, rozándolos apenas antes de salir despedidos hacia la tormenta.

Angus observó fascinado cómo un trozo de hielo del tamaño de un cuchillo cambiaba de dirección justo antes de incrustarse en su cara.

—La magia es maravillosa.

—La magia es peligrosa —corrigió Rutger.

—Sí, pero maravillosamente peligrosa.

En ese momento apareció Hans entre la ventisca. El explorador avanzaba agachado, cubriéndose como podía de los fragmentos de hielo que golpeaban su capa.

Parecía cansado, congelado y ligeramente ofendido por existir.

—Están a unos quinientos metros —informó mientras se quitaba nieve de la barba—. Y llevan un mago.

Hubo un silencio inmediato.

Incluso el viento pareció detenerse un segundo para valorar lo desagradable de aquella noticia.

Rutger escupió al suelo.

—Perfecto. Más magia. Porque claramente nuestra situación no era suficientemente mala.

El veterano tomó entonces el control con la autoridad de un hombre acostumbrado a sobrevivir por puro rencor.

—Nos dividiremos en dos grupos. Cada uno con apoyo mágico.

Cynaghan asintió gravemente, como si aquella hubiera sido exactamente su idea desde el principio.

—Waldo —dijo señalando a su aprendiz con teatralidad excesiva—. Irás con el Cabo Rutger. Ha llegado el momento de demostrar tu verdadero potencial.

Waldo tragó saliva.

—¿Mi… potencial mágico?

—No. Tu capacidad para correr cuando todo salga horriblemente mal.

—Ah.

El aprendiz pareció extrañamente aliviado.

Los dos grupos empezaron a reorganizarse bajo la tormenta. Y, de manera completamente involuntaria pero muy reveladora, casi todos los mercenarios se colocaron alrededor del viejo mago.

Waldo observó aquello con resignación.

—Eso ha dolido un poco.

Rutger le dio una palmada en el hombro.

—No te lo tomes mal, chico. Si un hechizo explota, preferimos que le explote a él. Tiene más experiencia.

****

Ya a cubierto de la terrible tormenta de hielo, Cynaghan se detuvo bajo el arco derrumbado de una antigua capilla y levantó lentamente las manos.

El anciano empezó a realizar una serie de gestos exageradamente teatrales, moviendo los dedos como si estuviera dirigiendo una orquesta invisible. Sus mangas se agitaban solas con el viento, aumentando todavía más el dramatismo.

Entonces metió la mano en una de ellas. Muy dentro. Peligrosamente dentro.

Y sacó un búho dormido.

El animal abrió un ojo con expresión cansada, como alguien que ya estaba acostumbrado a despertarse en sitios absurdos. Sacudió las alas, lanzó una mirada de desprecio al grupo y salió volando hasta posarse sobre los restos de una torre cercana.

Tiana arqueó una ceja.

—Eso no puede ser cómodo para el búho.

Angus seguía mirando fijamente la manga del mago.

—Yo digo que ahí dentro hay una cocina entera.

—Silencio —ordenó Cynaghan con solemnidad—. Ahora veré a través de sus ojos.

El mago cerró los párpados y adoptó una expresión de enorme concentración.

Dos segundos después tropezó con una piedra.

Hansel, que se encontraba algo más atrasado, consiguió sujetarlo antes de que se rompiera la cadera contra una columna.

—Gracias. Todo estaba bajo control.

 ***

Mientras tanto, al otro lado de las ruinas, Waldo intentaba aparentar que sabía lo que hacía. El aprendiz y el grupo de Rutger avanzaban encorvados bajo el techo semiderruido de una vieja vivienda. El viento silbaba entre las grietas y fragmentos de hielo golpeaban las paredes como pequeñas dagas.

—¿No sabes algún hechizo útil para calentarnos? —gruñó Rutger.

—Claro que sí —respondió Waldo.

—¿Y por qué no lo lanzas?

—Porque la última vez incendié un burro.

—¿El burro sobrevivió?

—El burro sí. La taberna no.

Tablero y despliegue inicial de ambas bandas.


Rutger decidió que no quería más detalles.

Entonces Waldo recordó un hechizo de protección que había estudiado semanas atrás. O quizá meses. Era difícil llevar la cuenta desde el incidente del sótano explosivo.

—Creo que sé algo que puede ayudarnos.

Rutger frunció el ceño.

—La palabra “creo” vuelve a preocuparme muchísimo.

Waldo empezó a mover las manos torpemente mientras murmuraba la fórmula mágica. Varias runas azules aparecieron alrededor del aprendiz… una explotó con un pequeño pop, otra salió disparada hacia una pared y una tercera empezó a girar en dirección equivocada antes de desaparecer.

Pero el hechizo funcionó. Un leve brillo azul envolvió a Rutger. El veterano se quedó inmóvil. Luego abrió mucho los ojos.

Podía oír el viento entre edificios lejanos. Percibía cada movimiento de sus compañeros. Veía las huellas en la nieve, pequeñas grietas en las piedras, incluso una rata escondida bajo el suelo de madera.

Y lo peor de todo…Se sentía completamente sobrio.

Rutger palideció.

—Por todos los demonios…

Miró a Waldo horrorizado.

—¿Qué me has hecho?

—Un hechizo de percepción aumentada.

Rutger respiró hondo.

—Quítamelo si empiezo a recordar conversaciones de anoche.

***

Mientras todo esto ocurría,  Jonas y Hans se adelantaron rápidamente hasta cubrirse tras una valla derrumbada.

Hans observaba las ruinas con calma profesional, mientras Jonas parecía buscar activamente maneras nuevas e innecesarias de morir.

Entonces apareció el Loco del Pato.

Nadie sabía exactamente dónde había estado los últimos minutos.


Ni quería saberlo.

El hombre rebuscaba entre los escombros murmurando cosas a su inseparable pato que andaban alegremente en mitad de la tormenta, totalmente ajenos a la situación. De repente soltó un chillido de alegría.

—¡TESORO!

Todos se giraron.

El loco acababa de sacar una pequeña caja metálica de entre las ruinas. La abrió y varias monedas brillaron en la penumbra.

El Loco del Pato levantó el cofre sobre su cabeza.

—¡EL PATO Y YO NOS RETIRAMOS! -Y salió corriendo entre la tormenta antes de que nadie pudiera detenerlo.

Rutger observó cómo desaparecía en la nieve.

—¿Creéis que sobrevivirá?

Hans negó lentamente.

—No.

—Yo le doy diez minutos —opinó Jonas.

***

Mientras tanto, gracias al búho, Cynaghan guiaba al segundo grupo a través de las ruinas.

O más exactamente: el búho guiaba al grupo mientras Cynaghan intentaba caminar sin morir enterrado en nieve.

Sus botas elegantes se hundían a cada paso y su túnica se enganchaba constantemente en piedras, hierros y restos de estatuas.

—La majestuosidad tiene un precio —refunfuñó el mago mientras liberaba el borde de la túnica de un clavo oxidado.

Tiana avanzaba delante junto a Angus cuando de pronto ambos se detuvieron.

—Movimiento arriba —susurró ella.

Entonces ocurrió.

Una figura apareció cayendo desde la tormenta sobre una pequeña torre derruida situada más adelante. El desconocido aterrizó pesadamente sobre las piedras y estuvo a punto de romperse ambas piernas.

—Eso ha tenido que doler —comentó Angus.

El hombre se incorporó tambaleándose.

Llevaba los colores de Jomer. Uno de los agentes enemigos.

Entonces levantó triunfalmente un pequeño cofre.

Duró exactamente un segundo y medio.

Fffthk.

Una saeta le atravesó el pecho limpiamente.

El agente abrió mucho los ojos, soltó el cofre y cayó desde la torre como un saco de patatas muy sorprendido.

A lo lejos, parapetado tras una cobertura, Hans bajó lentamente el arco con expresión satisfecha.

Cynaghan contempló la escena pensativo.

—La vida es fascinante… Un instante estás en la cima del mundo…

El cadáver se estampó contra el suelo.

—…y al siguiente descubres que había un arquero esperando.

****

Tiana vio un destello entre la nieve.

Algo pequeño y metálico sobresalía entre los escombros de una columna derrumbada. La joven avanzó ágilmente entre las ruinas y apartó la nieve con rapidez.

Un pequeño cofre finamente trabajado.

—Oh, eso tiene pinta de valer dinero… —murmuró con una sonrisa.

Lo agarró justo a tiempo.

Porque un instante después un hombre gigantesco cayó desde el tejado sobre el lugar exacto donde ella había estado.

El impacto levantó nieve, hielo y media pared. El desconocido se incorporó lentamente.

Era enorme. Musculoso. Sudoroso. Cubierto apenas por pieles y un taparrabos completamente insuficiente para el clima de Felstad. Empuñaba además un espadón tan absurdo de grande que probablemente necesitaba permiso oficial para girarse con él.

Tiana lo observó un segundo.

En otras circunstancias, no podía negar que aquel salvaje espectacularmente musculado quizá habría merecido una copa, una mala decisión y probablemente una mañana llena de arrepentimiento.

Pero ahora mismo intentaba partirla en dos. Así que decidió dejar el romance para otro momento.

El bárbaro rugió y cargó hacia ella levantando el enorme mandoble.

Y entonces Angus se interpuso.

El Cabo apareció prácticamente de la nada, plantando la alabarda frente al salvaje justo antes del impacto.

El choque metálico resonó entre las ruinas.

Tiana seguía sin entender cómo alguien tan ancho, tan pesado y tan claramente amigo de las salchichas podía moverse tan deprisa.

Angus bloqueó otro golpe gigantesco.

Y otro más.

El bárbaro era rápido.

Angus también.

La diferencia era que Angus además parecía disfrutarlo.

—¡JA! —rió el cabo mientras desviaba otro espadazo—. ¡Tú sí desayunas fuerte!

El salvaje respondió intentando decapitarlo.

Finalmente Angus consiguió rechazar el ataque con un potente golpe de alabarda que obligó al bárbaro a retroceder varios pasos sobre la nieve.

Y justo entonces apareció un tercer participante: Un ghoul.

La criatura surgió de entre las ruinas como una pesadilla hambrienta. Delgado, grisáceo y horriblemente rápido, atravesó una pared medio derruida como un ariete desquiciado antes de saltar directamente sobre el bárbaro.

El semidesnudo apenas tuvo tiempo de gritar algo ofensivo antes de desaparecer bajo una masa de uñas, dientes y muy malas intenciones.

—Bueno —murmuró Angus observando aquello—… eso simplifica las cosas.


Tiana decidió aprovechar aquel glorioso instante de caos profesional. 
Abrazó el cofre y salió corriendo.

Muy deprisa.

Demasiado deprisa.

Tan deprisa, de hecho, que no vio el enorme carámbano de hielo que se precipitaba desde el cielo.

CLONK.

El impacto resonó espectacularmente. Tiana cayó redonda sobre la nieve sin soltar el cofre.

Angus miró el cuerpo inconsciente de la muchacha.

Luego miró el carámbano.

—La naturaleza es traicionera.

Como siempre, el Cabo tuvo que salvar la situación.

***

En el centro de las ruinas, Frederik el minero avanzaba pesadamente junto al joven Jonas hacia la torre donde antes había caído el agente enemigo.

Jonas corría con entusiasmo suicida.

Frederik corría como corre un hombre que lleva veinte años cargando piedras y que empezaba a sospechar que le pagan muy poco para esto.

A su alrededor, ambos bandos intercambiaban disparos constantes.

Los agentes de Jomer el Amarillo, avanzando junto al aprendiz enemigo.


Saetas. Flechas. Cuchillos arrojadizos.

Ninguno acertaba absolutamente nada.

Una flecha pasó a tres metros de un enemigo.

Otra impactó contra una estatua.

Una saeta atravesó el sombrero de alguien que no tenía nada que ver con el combate.

—Estamos demostrando un nivel táctico preocupante —gruñó Rutger mientras se cubría tras un muro.

***


Mientras tanto, tanto Cynaghan como Waldo intentaban lanzar hechizos...Con resultados… variables.

El viejo mago levantó las manos dramáticamente. Una chispa salió disparada y apagó accidentalmente una antorcha cercana.

—Eso no era.

Al otro lado de las ruinas, Waldo intentó conjurar un escudo arcano. El hechizo explotó en una nube de humo púrpura con olor a pescado.

***

El combate terminó de la única forma posible en Felstad: sin que nadie entendiera del todo cómo había empezado.

En un extremo de las ruinas, el Cabo Angus avanzaba a toda velocidad entre la ventisca, cargando con Tiana inconsciente bajo un brazo y el cofre misterioso bajo el otro, como si fuera un comerciante especialmente decidido a no pagar impuestos. El hielo caía a su alrededor, pero él lo esquivaba con una sorprendente mezcla de reflejos, suerte y absoluta falta de preocupación por su propia integridad física.

—¡No está muerta! —gritó alegremente—. Solo está… horizontal.

En la zona central, Jonas y Frederik habían terminado enzarzados en un combate caótico contra un perro.

No un lobo.

No un monstruo.

Un perro.

Grande, sí. Rápido, también. Pero sobre todo con una determinación ofensiva que hacía pensar que estaba convencido de que Jonas y Frederik le debían dinero.

—¡Suéltame, maldita bestia! —gruñó Jonas mientras intentaba no perder una nalga.

—¡Creo que es un perro guardián! —jadeó Frederik.

—¡Pues está haciendo muy mal su trabajo!

El perro, en respuesta, les mordió a ambos con profesionalidad.

***

Más lejos, cerca del borde del bosque, el Cabo Rutger mantenía un duelo directo con un explorador elfo. El combate era limpio, silencioso y sorprendentemente elegante… por parte del elfo.

Rutger, en cambio, peleaba como alguien que consideraba la elegancia una ofensa personal.

Un choque rápido, preciso… hasta que Rutger consiguió empujar al elfo hacia atrás con un golpe brutal del escudo.

El explorador lo miró con frialdad.

—No eres lento para ser humano.

—Y tú eres demasiado hablador para alguien que va a salir perdiendo —respondió Rutger.

El elfo evaluó la situación. Luego dio un paso atrás.

Y desapareció entre los árboles como si nunca hubiera estado allí.

Rutger resopló, satisfecho.

La banda de Jomer el Amarillo empezó a retirarse entre las ruinas, llevándose la incómoda sensación de que aquello no había salido como esperaban… aunque tampoco nadie parecía haber esperado nada especialmente sensato de esa situación.

—Cobardes —murmuró Rutger, aunque sin mucha convicción.

Se giró lentamente.

Todo parecía, por primera vez en mucho rato, bajo control.

—Bien —dijo para sí mismo—. Ahora solo tengo que reagrupar a Frederik, Jonas, Angus, la chica inconsciente, el mago loco, el aprendiz… y probablemente al tipo del pato.

Suspiró.

Sacó una petaca de entre las capas de armadura con la precisión de un hombre que había practicado ese movimiento más que cualquier otra técnica de combate.

Le dio un largo trago.

El mundo, por fin, volvió a su sitio.

Un poco borroso. Un poco más soportable.

—Ah… —exhaló—. Ahora sí. Esto es liderazgo.

***



Conclusiones de la Partida

¿Parece cómica la partida? Pues fue así, porque ni yo, ni mi oponente (Rekens) tuvimos mucha suerte con los hechizos y se vieron todo tipo de resultados absurdos y opciones tácticas cuestionables.

Era de esperar ya que se enfrentaron las dos bandas más "cómicas" del grupo, así que nada serio podía salir de ese encuentro.

Por mi parte, logré rascar un tesoro más que mi oponente, y la pobre Tiana se tendrá que esperar para el siguiente evento, ya que se tiene que recuperar del golpe que recibió.

Por otro lado, la banda pudo sacar bastante dinero, un par de Grimorios (que muy probablemente venda), y una Espada mágica que incrementa la Fuerza de Voluntad, conocida como la Espada Coaching, y que me va a dar muy buenas historias cómicas en el futuro.


Hasta aquí la entrada de hoy, espero que al menos la entrada haya sido entretenida, y os emplazo a las próximas entradas.

lunes, 25 de mayo de 2026

[Eddie Cabot] Frostgrave - Las Tribulaciones de Edora La Intrépida - Parte 02

"Felstad sin duda era una ciudad muerta, al menos en lo que a sus antiguos moradores respectaba. Si rebosaba de algo era de no-vida, pero el exterior, eso era otra historia. Las inmediaciones de las murallas estaban salpicadas de pequeños campamentos habitados por humanos.

Algunos campamentos pertenecían a aventureros con intención de entrar en la ciudad, esperando el momento idoneo. En otros casos, pertenecían a aventureros que regresaban con algo de botín y pasaban unos días gastándolo y reponiendo fuerzas. Otros eran campamentos permanentes de aventureros que habían encontrado allí una forma de ganarse la vida.

Comida, armas, armaduras, objetos mágicos y espadas de alquiler. Podía encontrarse de todo en el mercado negro.
...

Edora y Vastraea habían salido apresuradamente del templo de Ykaros con la milicia local pisándoles los talones. Habían cargado con poco, muy poco. Y solo habían reclutado a dos voluntarios para la expedición, Salaman el viejo boticario del templo. Y al Capitán Nigel, un enfermo crónico que llevaba más tiempo en la enfermería del templo de lo que nadie lograba recordar, para lo que seria probablemente su última aventura.

Tras preguntar un poco, llegaron al campamento del viejo Centurius. Saltaba a la vista que llevaba mucho tiempo levantado, varias tiendas, vayas de madera y estacas para proteger el perímetro. Bajo su mando, una veintena de hombres entre mercenarios, ladrones y bárbaros lo protegían. El día era cálido y la tropa se mantenía ocupada haciendo todo tipo de tareas.

No tenían mucho dinero, pero con algo de suerte y un buen discurso podrían reclutar a algunos de los hombres de Centurius. Solo necesitaban que el viejo estuviera de buen humor."




Bienvenidos niños y niñas a la tienda de Centurius. ¿Quieres armas? Las tenemos. ¿El Grimorio de Gregorio? Lo tenemos. ¿Comida? Sí. ¿Bishes? También. ¿Cadáveres para reanimar? Vuelve mañana y veré que puedo hacer. Confía en Centurius, sé donde encontrar la mejor mandanga, Felstad para mi es como mi segundo hogar. Me lo conozco como la palma de mi mano, por eso mis precios son tan locos, solo ofrezco calidad.


Hoy tenemos una oferta especial. Contrata a un par de arqueros y a nuestro hombre de armas, y de regalo te llevad dos bárbaros y dos ladrones. ¿Qué si son de fiar? Ni un poco, así que vigila el botín, especialmente si llegan ellos primero, son muy rápidos eso hijos de...

FRUTA, TAMBIÉN NECESITAREMOS FRUTA

Informe de batalla mañanero/dominguero. Hemos quedado para desayunar tostadas y celebrar la onomástica del Sr. Azul, que por algún motivo que desconozco siempre sale igual en las fotos, mientras que yo cada vez salgo más viejo, ya parezco su abuelo. Bueno, anoche me quedé hasta las 2:15 pintando moñecos para poder estrenar algo en la partida.

¡Pintado de emergencia!

Les falta algún retoque, pero ya dan el pego. Su principal defecto, y es algo que ya me han mencionado los otros viejunos es que el tono no tiene nada que ver con las miniaturas previas. Veamos, el pintado de unas y otras está separado por más de 10 años en el tiempo. No es que pinte mejor, pero sí lo hago con otras técnicas y productos. Casi todo el pintado es a base de contrasts y tintas sobre imprimación blanca.


Al final he decidido tirar de minis que ya tenía pintadas. En parte por la agenda, en parte porque me parecía un buen recurso narrativo y en parte porque en su día estas no las jugué lo bastante y se merecen pisar mesa. Para empezar dos arqueros, un hombre de armas y el apotecario. 75 puntos cada uno, por cuatro, 300, más 100 del aprendiz, ahí van mis 400 monedas de hora para organizar la banda.


Para rellenar, dos Matones y dos Ladrones, que salen gratis. Con esto tengo las 10 miniaturas. Me quedan para pintar otras cinco más o menos, con conceptos que quiero repetir o no tengo. Como el Cazador de Tesoros, los Infantes (no, no tengo) y Ranger y el Tirador, que tampoco tengo.


Antes de la partida he tirado el conjuro de animar constructo con la Hechicera y la Aprendiza. He conseguido superar uno, y por supuesto no venía a la partida con un autómata, así que he cogido una mini de las que pinté para el escenario de las estatuas vivientes y lo he llamado Gnomo de Jardín de Batalla.

EL TERRENO DE JUEGO

La mesa la ha montado el Sr. Marrón, nota mental, conseguir escenografía medieval fantástica con alturas. Nos toca usar la de 40K si queremos subir algo a un terrado a disparar flechas.


Hemos jugado el escenario en que hay una tormenta de nieve y hielo y caen zurullolitos congelados del cielo. Al final de cada turno, eliges una miniatura del contrario que no sea el mago/aprendiz y le haces una acción de disparo con +2 al impactar. Por lo demás, es un escenario clásico, con 5 tesoros y posibilidad de que entren monstruos en mesa.


Otra nota mental, para la próxima partida que una mano inocente coloque los tesoros por la mesa. Nos ha pasado lo de siempre, el del centro va ahí de forma obligatoria. Pero los otros dos, la ubicación la elige cada jugador. Así que se han quedado demasiado cerca del borde propio de la mesa.


Hacer eso tiene el problema de que la acción se acaba rápido, sacas dos miniaturas de la mesa en el tercer turno y luego tienes que decidir si vas a por el del centro, o te retiras con lo que has conseguido para no arriesgar las vidas de los carísimos soldados.


Otra osa que hemos comentado, es la de obviar la tirada para ver si sale monstruo. Y hacer que entre uno en mesa con cada tesoro recogido. Lo hace mucho más divertido y es otra manera más de ganar XP más allá de los tesoros.

REPETICIÓN DE LAS MEJORES JUGADAS

El infante del Sr. Rubio ha tratado de pillar por la espalda a mi hombre de armas. Mala idea, una mini de Mordheim siempre gana a una de 40K.


He sacado nun 20 en la tirada enfrentada y el Inquisidor se ha llevado un codazo en toda la boca. Pasarán semanas recogiendo dientes sobre el frío hielo. En otro lado de la mesa, mi gnomo de jardín se ha acercado cubriéndose con el conjuro de niebla, para atravesarlo en tromba y atacar aun arquero.


Otro 20 para la saca, pero 20 es también lo que ha sacado el arquero. Por lo que doble KO y los dos para el hospital. Bueno, el gnomo no, ese va a la basura y me tocará animar otro en la siguiente partida. Para entones y cortesía del Sr. Rubio, ya llevaré alguno pintado.


En esta melé casi pierdo a la aprendiza. Aun con un +3 para impactar ha fallado la tirada y el sopapo de respuesta que le ha dado el ladrón casi la manda al hospital. El apotecario ha salvado el día, pero de todas formas he concedido la partida poco después. No hemos llegado a resolverlo.

EL POST-PARTIDEN

He conseguido sacar de la mesa los dos tesoros que he dejado cerca de mi borde. No me a supuesto ninguna dificultad, porque estaban muy lejos de mi adversario. De ahí lo que he comentado antes, de que no deberían estar tan cerca.


Uno de ellos contenía un pergamino y el otro una daga mágica. A parte de eso me he llevado experiencia como para subir un nivel, me he quedado solo a 5XP de subir dos, pero cuando no se puede, no se puede. La subida de nivel me la he gastado en bajar la dificultad del conjuro de Granada, que es el único que tengo ofensivo.


El cash de momento me lo voy a ahorrar, lo necesito para comprar el taller. Que añadiré a la guarida que he montado en una cámara de tesoros. En la primera campaña perseguí la paz, en la segunda el poder y en esta marcharé a la batalla en busca del bling bling.


El Sr. Rubio ha salido mejor parado que yo en el aspecto de la XP y lo económico, porque se ha llevado tres tesoros. Pero ha tenido bajas entre los soldados que costaban cash. Yo solo he perdido un matón y un constructo. Él ha palmado un tío con cuernos.

VAMOS CERRANDO, QUE ES TARDE

La banda al final se queda con Hechicera con espada y daga, Aprendiza con bastón, 1 Hombre de Armas, 1 Apotecario, 2 Arqueros y tíos de coste 0 para rellenar, que pueden ser reemplazados por uno o varios constructos si saco la tirada. Las nuevas adquisiciones irán llegando conforme las pinte.

La lista de conjuros: Animar constructo, Granada, Encantar arma, Escudo elemental, Empujar, Niebla, Desterrar y Salto. Todos con dificultad baja, todos útiles.

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Para esta semana tengo trabajo, darle retoques a las miniaturas y construir un mausoleo para la siguiente partida. 

Seguiremos informando

sábado, 23 de mayo de 2026

Historias de Felstad (Informe): Batalla en la Puerta de la Serpiente.

Comenzamos las primeras rondas de combates, las distintas expediciones de magos tenían que decidir a través de qué puerta entrar en La Ciudad Helada. Habían dos opciones (cada una determinaba el escenario que jugarían), la primera opción era la Puerta del Grifo (Tormenta de Hielo) y la segunda era la Puerta de la Serpiente (Brumas Inquietas).


Tras dichas elecciones, vinieron las sorpresas: El primer enfrentamiento le tocaba a Noxor (necromante) contra el elementalista llamado Malvek. Lo que sigue son algunas fotos, y el relato de cómo transcurrió la partida.

Encuentro en la Puerta de la Serpiente.

(O cómo Noxor, el endeble, aprendió que la niebla no disimula el olor a tripas).

por Camarada Mò


La niebla de la Puerta de la Serpiente era tan espesa que Noxor juraba haber visto pasar un fantasma cargado con una ristra de cabezas cortadas. O quizá era solo uno de sus hombres meándose en los matorrales. Con la visibilidad reducida a apenas tres malditos pasos, cualquiera podía ser un espectro o un campesino con mala postura.

—¿Los ves? —preguntó Gromm, el matón, con una voz que parecía grava siendo molida por un molino.

—No veo ni mis propias manos —respondió Noxor, que temblaba de frío como una hoja—. Pero huelo al malnacido de Malvek. Huele a sobaco de chivo quemado y a prepotencia barata.


Al otro lado del claro, entre columnas derruidas que parecían dientes rotos de un gigante muerto, Malvek Huesofirme había infundido a sus hombres con esa mierda de magia potenciadora que tanto le gustaba. Los muy cabrones brillaban tenuemente, sólo él podía verlo. Eran sus putas mal pintadas, de bajo presupuesto, de burdel barato. Sus movimientos eran más rápidos, sus miradas más chulescas. Era como si Malvek los hubiese estimulado con una versión arcana de unas setas alucinógenas, y ahora aquellos desgraciados miraban a los hombres de Noxor como si fueran monedas de cobre en un suelo mugriento.


Noxor suspiró. La suya era una banda de inútiles gloriosos. Los quería, de alguna manera tan enferma como querer a un perro que se mea en tus pies, pero que aún así te lame la mano.


—¡No avancéis tanto, desgraciados! —chilló.


Demasiado tarde.


Un hombre de armas llamado Urdek —que llevaba tres días quejándose de una rozadura en el culo, y al que Noxor le tenía un especial afecto por su capacidad para no morirse en las peores situaciones— recibió un golpe de una gran roca directamente en el muslo.


—¡Mi pierna! —aulló Urdek, y el sonido era tan desgarrador como auténtico, porque trozos de la roca le habían salido al otro lado mostrando puntas de hueso roto y carne deshilachada como una ropa vieja y barata a la que le hubieran dado un tirón. Tal era la fuerza del lanzador.

—¡Cállate y sangra más discretamente! —le espetó Noxor, mientras lanzaba un hechizo hacia el posible atacante, pero este no tuvo éxito.


Un infante, joven y con más miedo que vergüenza, recibió el golpe de otra roca que lanzaron. Las costillas crujieron como ramas secas bajo una bota. El chico expulsó un chorro de sangre por la boca y cayó de rodillas.


—¡Mamá! —graznó, porque todos en el fondo somos niños cuando nos parten el esternón.

—¡Tu madre no está aquí, espabilado! —le gritó Noxor—. ¡Estás en la Puerta de la Serpiente, no en la feria del pueblo!


El chico se rió con una risa húmeda y sanguinolenta. Eso ya era un buen síntoma.

Fue entonces cuando la niebla se abrió como una puta abre sus piernas en una noche de paga, y apareció la primera criatura.


Un gorila. Pero no un gorila normal, de esos que comen frutas alargadas y amarillentas. No. Esto era un hijo de puta de tres metros, con hombros como jamones de un jabalí adulto y unos ojos tan inyectados en sangre que parecían dos heridas desgarradas. Y de un color entre gris y blanco, que le permitía esconderse en aquel lugar maldito repleto de nieve y niebla, además de un largo y basto pelo que le cubría todo el cuerpo. Detrás, dos más. Avanzaban a cuatro patas, pero con la elegancia de un gran carromato desbocado cuesta abajo.


—¡Ahora sí que estamos jodidos! —expuso Gromm, otro matón, que desenfundó una daga más grande que su cara.


El primer gorila se lanzó sobre ellos. Noxor, con una rapidez que ni él mismo sabía que tenía, consiguió escabullirse. La bestia, no obstante, tropezó, sus músculos se volvieron gelatina temblorosa, y Gromm se le echó encima como un amante despechado. Le hundió la daga en el cuello una, dos, siete veces. La sangre brotó caliente y espesa, salpicando a Gromm entero. Quedó rojo como un pimiento, sonriendo.


—¡Toma, toma, toma! —canturreaba Gromm mientras acuchillaba el cadáver, pero el gorila, en su agonía, le había devuelto un manotazo que le reventó el brazo. El hueso asomaba blanco, luego rojo, luego todo era una masa informe. Gromm miró su extremidad colgante como quien mira una deuda que no va a poder pagar.

—Me he jodido el brazo —dijo, casi con ternura.

—¡Te has jodido el brazo, sí! —respondió Noxor—. ¡Ahora aguanta la puta daga con la otra mano y sigue luchando, maldito perro!


El segundo gorila embistió al ladrón de la banda, un tipo flaco llamado Larten que no tenía pelos en la lengua, pero sí en las palmas de las manos. La bestia lo golpeó y Larten voló varios metros hasta estrellarse contra una columna. Cayó como un saco de patatas, inconsciente, con la cabeza gacha en un ángulo que sugería que el cuello no estaba para muchas alegrías.


—¡Larten! —gritó Noxor—. ¡Si estás muerto, que se lo pague tu familia al enterrador que deba tratarte!


El infante herido, el chico aquel que se había acordado de su madre, levantó su espada con sus últimas fuerzas. El gorila se volvió hacia él, abriendo la boca llena de dientes amarillos y ennegrecidos. El chico le clavó la espada en el pecho. La bestia rugió, cayó, y arrastró al infante consigo. Ambos rodaron por el suelo. El chico perdió el conocimiento. El gorila expiró con un sonido sordo y grave. La muerte siempre tenía sentido del humor.


—¡No está mal, chaval! —le dedicó Noxor, aunque el chaval no podía oírle—. ¡Si no te mueres te subiré la paga!


El tercer gorila, viendo que dos de los suyos habían caído, hizo lo más inteligente: cargar contra las filas de Malvek. Allí, un bárbaro tatuado con una melena roja como la sangre de una diosa guerrera, lanzó su hacha de dos manos con un rugido que le desgarró la garganta. El hacha giró en el aire como una noria de muerte, y se hundió en el cráneo del extraño simio hasta la empuñadura. El gorila cayó de rodillas, luego de bruces. El bárbaro recuperó su hacha con una mueca de aburrimiento, como quien saca un anzuelo de un pez pequeño.

—Bonito lanzamiento —murmuró Noxor, que sentía una envidia negra y corrosiva en el pecho.


El campo de batalla quedó en un silencio roto. El único sonido era el de Urdek gimiendo por su pierna destrozada, el del infante roncando en su inconsciencia, el de Larten tosiendo sangre con cada respiración, y el de Gromm maldiciendo a la madre de todos por su brazo roto.

Cuatro heridos. Cuatro inútiles que seguían vivos, lo cual era un milagro dadas las circunstancias.


Entonces la niebla se disipó del todo, revelando algunos objetos interesantes, quizás vigilados y guardados por las extrañas criaturas. Monedas. Pergaminos. Algo más.

—Eso es mío —dijo Malvek con la calma de quien tiene un bárbaro con un hacha y un bastón que aún no ha estrenado.

—Eso era mío —respondió Noxor con la indignación de quien tiene cuatro inválidos sangrantes y una dignidad menguante.

Se miraron. Se olieron. Se despreciaron con esa intensidad de dos débiles magos que se saben igual de patéticos, pero que nunca lo admitirían.


El bárbaro de Malvek se limpió el hacha con la piel del gorila muerto. Gromm, con su brazo colgando como un péndulo macabro, sacó la daga con la mano buena. Urdek, desde el suelo, apuntaba un arco con unas manos temblorosas que parecian las de un borracho. El infante seguía inconsciente, pero roncaba con determinación.

—Podríamos matarnos —planteó Malvek, casi como quien sugiere un postre.

—Podríamos, sí —asintió Noxor—. Pero mira a mis chicos. Están muy mal, pero todavía tienen fuerzas para clavarte algo en un sitio que te hará mear sangre dos semanas.


Malvek se rió. Era una risa seca, como si hubiese algo roto.

—Bajo la niebla, otro día —cedió el elementalista.

—Bajo la niebla —aceptó Noxor.


Registraron una pequeña cripta cercana, como dos grupos de ratas en un queso compartido. Los hombres de Noxor encontraron cientos de monedas de plata —algo mugrientas, pero monedas al fin y al cabo— y un grimorio con páginas que parecían piel de muerto y que susurraban obscenidades en un idioma ya desaparecido. Noxor lo besó con la devoción de un borracho hacía una botella.


Malvek, el muy cabrón, encontró un bastón de ébano con runas que latían como corazones, otro grimorio más gordo y más obsceno, y un cofre de monedas de oro que tintineaban como la risa de una cortesana cara. Lo guardó todo con la parsimonia de quien sabe que ha salido ganando.

Ambos bandos se replegaron. La niebla volvió a cerrarse, espesa y cómplice.

Noxor, maldiciendo, vio como uno de sus hombres cargaba a Urdek sobre un hombro, mientras Gromm arrastraba al infante y Larte cojeaba detrás maldiciendo estrellas que no existían. Se giró una última vez. Malvek ya había desaparecido, engullido por la bruma como un mal recuerdo.

—La próxima vez —murmuró Noxor, mientras la sangre de sus hombres goteaba y las monedas tintineaban en su bolsa—, traeré más hombres. No, hombres mejores. Y menos niebla. Y una puta ballesta más grande.

—¿Has dicho algo, jefe? —preguntó Gromm, casi desmayado por el dolor.

—He dicho que te calles y andes, que esa herida apesta y no quiero quedarme aquí por tu culpa.

La Puerta de la Serpiente quedo lejos, a sus espaldas, como un recuerdo ya lejano. Y en el silencio, Noxor, el endeble, sonrió.


No había ganado. No había perdido. Pero seguía vivo, de momento, y esa era una buena victoria.