La mañana en que llegaron los seis paladines, las campanas de la ciudad todavía no habían tocado la primera hora.
Había llovido durante la noche y las calles de Rustmosbach conservaban ese brillo gris que tienen las piedras después de la tormenta. Frente a las puertas del castillo, los heraldos esperaban con sus pergaminos, los mozos corrían de un lado a otro y los curiosos se apretaban contra las barreras levantadas para recibir a las delegaciones.
Los primeros en aparecer fueron seis hombres a pie. No llevaban séquito. No les acompañaban músicos.
No llevaban más equipaje que sus armas y aquello que podían cargar sobre sus espaldas. Pero sus colores bastaban para anunciar de dónde venía cada uno.
Bienvenid@s a esta tórrida entrada. Este año el Sr. Marrón ha decidido quedarse en la península y lo está lamentando terriblemente, podría haber escogido viajar a algún país más fresquito, pero no, he decidido morir y quedarme en casa.
Bueno, afortunadamente tenemos maneras de no pasar tanto calor. Y es que entre tanta partidilla en Frostgrave nos salió este reto.
Siguiendo un poco la estela de ESTA ENTRADA y ESTE PROGRAMA, al respecto de éstos dos, me dispuse a aceptar el reto, y darle caña durante este agosto.
Los Caballeros
El paladín de Schomia caminaba el primero. Vestía los colores de su ducado con una sobriedad casi elegante: el cabello bien cortado, las piezas de la armadura limpias y una capa que apenas se había manchado con el camino. Llevaba el escudo redondo bajo el brazo y una exquisita maza al cinto.
A sus pies trotaba un perro pequeño y rechoncho, de hocico aplastado y mirada orgullosa. Un pug, el animal caminaba como si también hubiera sido invitado al torneo.
El paladín de Schomia se detuvo un instante para sacar de un cinto algo que parecía un pequeño libro, se trataba de un reglamento. El perro aprovechó para sentarse en mitad del camino.
Sir Nicodem, Voz Atronadora
El segundo era el de Neusen. Era imposible no distinguirlo. Los colores de su ducado destacaban sobre el acero y llevaba la capa echada hacia un lado, dejando ver el emblema cosido sobre el pecho. Caminaba y cantaba, con la facilidad de quien no considera necesario demostrar que es un guerrero y bardo a la vez.
Corrían por su ducado historias eróticas de sus estancias en ciudades élficas. Nunca confirmó ni desmintió estas historias.
Sir Owen, Ojo de Lobo
El tercero era el de Bamia. Su armadura era distinta a la de los demás. El peto estaba labrado con la figura de una espada, trabajada sobre el metal como si el propio acero hubiera sido tallado para convertirse en símbolo. Su escudo repetía el mismo motivo: Una espada cruzando una luna.
No era un hombre especialmente alto, pero había algo en él que hacía que pareciera más grande. Quizá fueran los hombros anchos o cierto carácter salvaje en la barba que llevaba, que le daba un aspecto fiero. Quizá la forma en que sostenía el escudo. O quizá aquella expresión tranquila de quien confía plenamente en el equipo que lleva.
Sir Lothar, el Amable
El cuarto hizo que las conversaciones se apagaran. El paladín de Waldter vestía de rojo y amarillo, colores alegres y brillantes.
Colores escogidos, decían algunos, precisamente porque no correspondían a lo que llevaba dentro. Aquellos que conocían la historia de Waldter sabían que sus hombres habían aprendido hacía mucho tiempo a esconder su herencia sombría bajo los colores de la luz. Llevaba una alabarda al hombro, la hoja estaba afilada y el asta mostraba las marcas de muchos viajes. El paladín caminaba con ella como si fuese una extensión natural de su brazo.
Sir Marvin, Ojo Certero
El de Gunfinland llegó después. No parecía llevar el arma que uno esperaría de un paladín. En lugar de una espada adornada con joyas, llevaba una ballesta. No una ballesta de caza, sino una pieza magnífica y pesada, cuidada hasta el último detalle. El hombre era conocido en buena parte de la Confederación por su habilidad con ella.
Se decía que podía acertar a una moneda lanzada al aire. Se decía también que una vez había atravesado el ojo de una ardilla a más de cien pasos. Él siempre negaba la primera historia.
Sir Ogreth, el Carcelero
El último en cruzar las puertas fue el paladín de Elzheim. Vestía los colores de su ducado con la precisión de un estandarte. Todo en él parecía ocupar exactamente el lugar que debía ocupar: la espada, el escudo, la capa, las correas de la armadura. Y unas pesadas cadenas con grilletes... ya que Sir Ogreth era el jefe de los calabozos de Rustmosbach
Su andar era marcial, y observó de reojo los otros cinco, evaluándolos si le darían problemas y si los tendría que encerrar.
El Tablero
A diferencia de mis compañeros de reto, yo quería una mesa invernal, para asociarla también a la campaña que estábamos haciendo de Frostgrave, así que me dispuse a asaltar el Bazar chino que tengo cerca de casa a encontrar el material para ello.
Finalmente me decidí por una tabla con marco de corcho, me pareció barato, ligero (mi principal prioridad) y que me permitiese hacer dos mesas en el mismo marco.
Así que lo primero fue hacer una serie de caminos mezclando varios tipos de arenas para darle un poco de textura (pero no más, ni desniveles ni nada, porque... ¿os acordáis que mi idea era la de que el tablero tuviese dos caras? eso me obligaba a ser lo más plano posible.
Tras ello le metí varias capas de cola blanca diluida con un poco de agua e hice varias pasadas, con tres fines: el primero que el corcho absorbiese la cola, endureciendo la base, la segunda era que así eliminaba la textura del corcho y la tercera era que así las distintas arenas quedaban mejor fijadas y protegidas.
Con ello me dispuse a pintarlo, simulando nieve y hielo, simulando varias capas para darle profundidad, zonas más de tierra helada, junto a zonas donde todavía hay nieve y hielo. Tras ello metí sendas capas de de Barniz mate y brillante, porque sigo obsesionado para que sea una superficie resistente que pueda aguantar el uso.
Finalmente me he hecho con varia escenografía de temática helada, a falta de unos muretes que tengo por pintar, para hacer un poco de cobertura, así como de casas que tengo para Frostgrave, le he añadido unos arbolitos helados, dándole un aspecto muy navideño.
En fin, aquí podemos ver el equipo de Caballeros de la Confederación, listos para la acción. A nivel de reglas, si bien no son un equipo muy pegón, sí que he visto que son bastante truqueros y apoyándose unos a otros mediante la mezcla de equipo que llevan cada uno.
Espero pues que con esto haya completado el reto en condiciones.
¡Nos vemos!
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