—¡PUM!
El cabo Rutger Arms aterrizó sobre una mesa de la taberna. La madera cedió, las jarras salieron volando y un plato de estofado acabó sobre un cliente que no tenía nada que ver con la pelea.
Rutger escupió sangre y un diente.
—Ese era bueno.
—¡Vamos, Tigre! ¡Levántate! —animó la espada desde la vaina—. ¡La perseverancia es la clave del éxito!
—Te voy a utilizar para remover el carbón.
Frente a él estaba Manfred Dagger. Su eterno rival. Habían competido por ascensos, recompensas, y en ocasiones...mujeres.
Manfred sonrió. Era una sonrisa que Rutger llevaba veinte años intentando borrar a puñetazos.
—Te estás haciendo lento.
—Y tú sigues siendo apestoso.
Manfred avanzó, amagó un golpe y lanzó otro.
Rutger no se tragó el engaño, recibió el impacto amortiguándolo con el hombro y respondió con un gancho que hizo retroceder varios pasos a su rival.
—¡Ohhhh! —rugió la taberna.
Ambos volvieron a lanzarse el uno contra el otro.
Justo entonces se abrió la puerta. Waldo entró acompañado por Hans que rápidamente se interpuso entre los dos combatientes. Detrás de él, apareció Nana. La anciana avanzó despacio, ajustándose sus pequeñas gafas redondas.
Rutger y Manfred la vieron. Y, para sorpresa de todos, bajaron ligeramente los puños.
La última persona que había ignorado a Nana durante una discusión había pasado tres días "indispuesto" en una letrina.
—Ya es suficiente—dijo Waldo, sin demasiada seguridad.
—Él empezó.
—Mentira.
—Cállense los dos —dijo Nana con una voz amable y al mismo tiempo, amenazante.
Hubo un silencio inmediato.
—El Asombroso Cynaghan quiere veros.- dijo Waldo.
Las caras de Rutger y Manfred empeoraron al instante.
*********
Bienvenidos de nuevo, seguimos con nuestra campaña de Frostgrave, en esta ocasión tras los eventos ocurridos en las anteriores partidas, poco a poco los magos han ido haciendo una foto general de lo que ha ocurrido, su antiguo sire, Garbeowyn, estaba involucrado en un plan para evitar el despertar de lo que se considera una leyenda olvidada en Felstad: El Lord Liche.
Éste quedó atrapado en los subterráneos de la ciudad, pero ahora que se está descongelando una parte de la ciudad, parece que su cárcel de hielo también se está debilitando, y ha utilizado su consciencia y presencia para movilizar a sus agentes para preparar este regreso.
Mientras tanto, en la banda del Asombroso Cynaghan, se ha incorporado un nuevo miembro, y un viejo conocido del cabo Rutger, Manfred Dagger, un buscador de peleas, malcarado y que está continuamente buscándole las cosquillas al cabo, y suponemos que como Rutger está haciendo las de "capitán", eso a Manfred y que encima es su rival de toda la vida, no lo está llevando bien, pero el mago paga bien, y Manfred es un reconocido caza tesoros.
Sigo con mi política de ir "retirando" a los civiles, e ir reclutando a soldados y especialistas, o mejor dicho, profesionales, y Manfred cubre esas necesidades.
De echo, debutó en la partida que detallaremos más adelante, haciendo lo que se supone que debe hacer: encontrar tesoros y huir con ellos.
Avanzar sin resbalar y romperse la crisma ya era complicado de por sí. Hacerlo bajo una lluvia helada, con la noche cayendo y unas ruinas llenas de trampas era, sencillamente, una mala idea. Pero nadie había ido a Felstad en busca de buenas ideas.
Cynaghan levantó una mano para detener la marcha.
—Hay otros magos cerca.
Rutger suspiró.
—Genial.
Al llegar a una plaza parcialmente derruida los vieron.En el centro había dos mujeres con túnicas de hechicera que discutían acaloradamente.
Ninguna de las dos le sonaba a Cynaghan. Y eso le preocupaba.
Últimamente estaban apareciendo demasiadas mujeres practicando la magia. Era una tendencia que el viejo mago no terminaba de comprender. Bastante tenía ya con Nana, que utilizaba una misteriosa forma de hechicería capaz de obligar a la gente a hacer exactamente lo que ella quería.
Cynaghan llevaba semanas intentando averiguar cómo funcionaba, aunque sospechaba que no era magia. Sino algo mucho peor.
Las dos hechiceras apenas prestaron atención a la llegada de la expedición. Su discusión fue subiendo de tono. De las palabras pasaron a los insultos. De los insultos...
...a los conjuros.
—¡Uy! —exclamó Cynaghan.
Sin pensárselo dos veces, se agarró la túnica con una mano, el gorro con la otra y salió corriendo poco dignamente, hacia el muro más cercano con una agilidad sorprendente para un hombre de su edad.
No era una retirada. Era una reubicación táctica muy rápida.
Llegó jadeando junto al resto de la banda.
En ese mismo instante una esfera luminosa, del tamaño de una piña, pasó silbando por encima de sus cabezas, impactando contra un edificio en ruinas.
¡BOOM!
Media fachada desapareció entre polvo, piedras y hielo.
Cynaghan abrió mucho los ojos.
—¡¡Uooo!! ¡¡Nos atacan!!
Rutger contempló tranquilamente el boquete que acababa de aparecer.
Luego miró al mago.
Otra explosión hizo temblar la plaza.
Rutger, comprendió lo que debía hacer y desenfundó la espada.
—Ahora nos toca a nosotros.
Una voz surgió de su espada.
—¡Eso es, toma el liderazgo!
Rutger cerró los ojos un instante.
—Va a ser un día muy largo.
La escasa iluminación obligó a la banda a avanzar mucho más agrupada que de costumbre.
Rutger encabezaba el grupo principal, que se internó entre los restos de una casa derruida.
Mientras tanto, Hans y Manfred exploraban una antigua mansión señorial, seguidos, cómo no, por el Loco del Pato.
Como era de esperar, el primero en encontrar algo fue el mendigo. Un pequeño cofre.
—¡Tengo un tesoro... y me voy!
Y salió corriendo. Nadie intentó detenerlo. Se había convertido ya en una tradición.
Waldo lo observó alejarse negando con la cabeza.
Cynaghan, por su parte, sacó teatralmente de una de sus interminables mangas al ya famoso búho.
El ave remontó el vuelo torpemente hasta el capitel de una torre cercana. Dándole una buena panorámica de la zona
El mago cerró los ojos.
—Ya os veo...
A través del búho localizó a las bandas rivales... y, sobre todo, a los magos enemigos.
******
De repente, una figura vestida de negro cruzó como un relámpago delante de Jonas. Agarró un cofre y apenas había dado dos pasos cuando...
—¡Zas!
Una flecha le atravesó el pecho. Hans bajó el arco con tranquilidad.
—Uno menos.
Jonas se acercó al cuerpo y, tras comprobar prudentemente con el pie que estaba muerto, recogió el cofre. Al instante sintió un escalofrío.Su espada comenzó a brillar con una tenue luz azul y todos sus sentidos parecieron agudizarse.
—¿Qué...?
—No te preocupes —dijo Rutger, apareciendo tras él—. Es cosa del mago. Uno acaba acostumbrándose.
No terminó la frase.
Una pequeña estatua de piedra salió corriendo de entre las ruinas blandiendo un diminuto cuchillo.
Rutger intentó interceptarla, pero llegó tarde.
Jonas apenas tuvo tiempo de levantar la espada. Consiguió desviar el ataque, aunque la hoja de piedra le abrió un corte en el muslo.
—¡Maldita figurita!
Rutger entró por fin en combate. Entre ambos derribaron a la criatura a golpes, aunque no tuvieron tiempo de celebrarlo.
BOOOOOM.
BOOOOOM.
Varias esferas de luz comenzaron a caer sobre ellos, explotando entre las ruinas.
—¡A cubierto! —rugió Rutger.
Los dos echaron a correr mientras las explosiones levantaban nieve, piedras... y algún que otro trozo de estatua.
Cynaghan observaba el combate con una mezcla de fascinación y prudencia.
Las dos hechiceras seguían demasiado ocupadas intentando reducirse mutuamente a cenizas como para fijarse en ellos. Entre bolas de fuego, esferas explosivas y rayos de colores, estaban ofreciendo un espectáculo digno de una fiesta mayor... si uno ignoraba el pequeño detalle de que todo explotaba.
A su alrededor reinaba el caos: Mercenarios luchando entre sí. Cadáveres animados. Gólems de metal oxidado. Enormes hombres bestia.
Y, durante un instante, Cynaghan juraría haber visto un troll.
—Un puñetero troll... —murmuró ajustándose las gafas.
Decidió no mirar dos veces. A veces Felstad mejoraba cuando uno dejaba de prestarle atención.
El viejo mago poco podía hacer en semejante batalla. Se limitó a reforzar a los suyos, lanzar alguna curación a distancia y confiar en que Nana llegara antes que la Muerte. La anciana ya se había plantado junto a Rutger y Jonas, repartiendo brebajes con el mismo cariño con el que un sargento reparte broncas.
Entonces Waldo llegó jadeando.
—¡Maestro! ¡Los botines están asegurados!
Cynaghan levantó la vista. El eclipse ya cubría el cielo por completo.
Asintió.
—Bien. Ya hemos visto suficiente ciencia por hoy.
—¿Nos retiramos? —preguntó Waldo.
—Retirada táctica.
—¿Cuál es la diferencia?
—Que en la retirada táctica conservas la dignidad.
Desde el otro lado de la plaza una explosión derribó media fachada de un edificio cercano a ellos, y un espeso banco de niebla oscura se estaba materializando a unos metros de ellos...
Cynaghan carraspeó.
—Y, sobre todo, conservas la vida.
Rutger no discutió la orden.
Nana tampoco.
Aquello fue suficiente para que todos comprendieran que, efectivamente, era hora de marcharse.
****
En las partidas de 3 jugadores, a veces pasa que uno se queda un poco "desconectado" del resto de la partida, y en este escenario era más habitual, debido a que la linea de visión se va reduciendo considerablemente conforme avanza la partida. Con lo que me encontré avanzando tranquilamente, con algún pequeño encuentro que fácilmente pude neutralizar, y centrar toda mi atención en el centro de la mesa para llevarme el tesoro central. Al final me salí con la mía.
Con lo que en esta partida me había ido bastante bien, gracias a los conjuros para "bufear" a mis soldados y tener un fácil acceso a ir curando a la gente, al final del encuentro no había sufrido ninguna baja, pese a tener muchas miniaturas heridas. Encima me saqué 3 marcadores de tesoro que me dieron más dinerín, un arco mágico que va a ir para Hans (tiene una fijación extraña en eliminar Ladrones enemigos con One-shots, seguro que puedo sacar alguna historieta de ello).
Como guinda final, durante el descanso en la Biblioteca (la guarida donde descansan) se encontraron un pequeño pergamino con el hechizo de Petrificar.
El resultado final es que ya tengo al bueno de Cynaghan con nivel 7, con mejoras en hechizos, y uno nuevo que ha aprendido y seguro que le podrá sacar partido.
Nos vemos en la siguiente crónica.





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